Los habitantes del histórico asentamiento que limita con Fernández Oro no sólo deben vivir entre la precariedad de sus viviendas y la irregularidad de sus lotes, sino que ahora también se sumó la falta de presión en las cañerías de agua potable que imposibilita que el líquido suba a los tanques. Natalia Cárdenas vive con su familia a pocos metros del camino de La Falda y explicó que hace tres meses la presión del agua bajó drásticamente, y solo subía al tanque de vez en cuando, por las noches. "El agua no sube, y nadie nos da una respuesta de qué está pasando. Los vecinos debemos utilizar una bomba para chupar agua a presión y cargar los tanques, pero últimamente ni con la máquina se podía hacer", relató.