El derrumbe era inminente. Y el peligro también, porque tras la caída de rocas gigantes que se desprendieron de un acantilado, vecinos y visitantes pasaron por la playa para tomarse fotos o disfrutar del día muy cerca de la zona. Por eso, una retroexcavadora desprendió la zona del acantilado que estaba a punto de caer.
La máquina se ubicó sobre la avenida costanera, y con su brazo articulado hizo presión hasta que enormes trozos de roca comenzaron a caer a la arena de la playa.
El trabajo se realizó en la bajada Los Acantilados, en la zona donde se desprendieron unos 50 metros del murallón tras una pleamar muy fuerte.
El lugar había sido acordonado para evitar que se utilicen las escalinatas dado el peligro de nuevos desmoronamientos, pero de todas formas, la gente subía y bajaba ignorando las advertencias, lo que aceleró la decisión de intervenir con maquinaria para evitar un accidente.
El derrumbe controlado de rocas fue una de las sugerencias que se incluyeron en un estudio que realizó años atrás por el Laboratorio de Oceanografía Costera, Facultad de Ciencias Naturales y Museo Universidad Nacional de La Plata, para minimizar los riesgos de desmoronamientos.
Las otras medidas propuestas fueron: plantación de especies con escasas raíces en la parte superior, la disposición de material pedregoso para crear una defensa, anular el tránsito vehicular sobre la costanera, reubicar el muro hacia la calle, eliminar en forma total los pozos ciegos y reducir el riego en las zonas próximas.
De la lista, la mayoría de los puntos no se cumplieron, por lo que los especialistas creen que en algunas zonas del frente costero habrá más derrumbes.