El taxista, de relevancia en el mundo de los trabajadores del volante, manifestó que la paciencia en el sector tiene un límite y que si no se encauzan racionalmente los ruquerimientos, podrían adoptarse medidas de fuerza.
"Hay algo que preocupa a taxistas y automovilistas. Y hay que decirlo, alguno va a terminar por llevarse puestos a los inspectores, obligados ahora a ir por la calle y no por la vereda”. Un conocido taxista Prefirió el anonimato.
Uno de los puntos que tiene más inquietos a los tacheros se relaciona con la prohibición estricta a estacionar en doble fila. Apenas un móvil lo hace y lo ve un inspector de Tránsito, se escucha el silbato de advertencia. "Esto no puede ser, el servicio de los taxis es a puerta. Es incómodo para un cliente tener que bajarse 40 o 50 metros más lejos, ni hablar si se trata de ancianos o de personas con discapacidad".
"Hay un malestar generalizado", afirmó, y destacó la necesidad de que las nuevas autoridades, por ser novatas en el manejo de la cosa pública, lean con atención las disposiciones de las ordenanzas porque las prohibiciones en muchos aspectos no son absolutas y como en la indumentaria dejan un margen de elección.
De la desidia al rigor absoluto
La inquietud que existe hoy en el rubro de los taxis fue confirmada también por la dirigente de la Federación Patagónica, Liliana Villegas, quien reconoció la bronca que están incubando los tacheros. "Se pasó de la desidia absoluta del ex gobierno de Abel Baratti al control absoluto y casi persecutorio de la gestión de Aníbal Tortoriello", afirmó y dijo que si bien hay algunos taxistas y unidades que deben lucir mejor, tampoco se puede pasar a un régimen de rigor desmedido. "Esto suele pasar cuando hay gobernantes neófitos", agregó.