Sospechan que Laila pasó a los tiros junto a Carla Milla

Dos testigos se quebraron al recordar cómo fue asesinada la chica de 24 años. Hoy será el día de los alegatos.
A mano alzada, dos testigos del juicio contra Laila Díaz Sigri dibujaron croquis de la zona de la balacera infernal en la Fundación Médica que ratificaron los dichos de los empleados y complicaron todavía más a la travesti: en su paseo de pistolera pudo haber pasado justo por el lugar en el que Carla Milla agonizaba tras recibir un balazo por la espalda, y no había ningún obstáculo que le impidiese verla.
Ayer quedó cerrada la ronda de declaraciones de testigos presenciales y hoy se conocerán los pedidos de condena, en los que no sorprendería que se reclame una ampliación de la acusación del delito de homicidio agravado por el uso de armas. 
Tanto la fiscalía como la querella insistieron en las últimas jornadas en detalles sobre el recorrido de Laila y la presencia de amenazas previas. Antes declarará un médico neuquino que atendió a la madre de la imputada cuando fue internada en un hospital, la última carta de la defensa por sustentar la teoría de una reacción descontrolada por una presunta mala praxis.
“Vi que sacó el arma y disparó frente a la cara de una enfermera, después tiró a un costado, donde había otra persona. Todos corrían y había gritos, era como una película”, dijo Delia Parra, una enfermera que luego se escondió en el baño de una  habitación. “Había mucho silencio, se escuchaban sus tacos mientras caminaba, pensé que los había matado a todos”, describió.
El fiscal Gustavo Herrera había solicitado una recorrida por el edificio para dimensionar espacios y despejar dudas. Como no fue concedida, ayer pidió que los testigos graficaran sus dichos. Parra fue la primera y en su croquis marcó con una cruz el box de enfermería en el que encontraron a Milla. Antes de esconderse vio a Laila, parada con el arma en la mano, en la entrada al pasillo que conducía al lugar.
Otra enfermera, Andrea Rosales, observó caer a la víctima mientras escapaban de la travesti. No le vio sangre, y pensó que se había desmayado. Ayer, tras una crisis de nervios, contó al tribunal que quiso parar para ver qué le había pasado, pero en ese momento apareció la imputada a unos cuatro metros de distancia. Su croquis ubicó a la acusada en lugares muy similares a los de su compañera. Al final del corredor, hay otro pasillo que conduce al quirófano, en el que dos médicos dijeron ver a Laila poco después de los primeros tiros.
Quejas y amenazas
La madre de Laila, Elena Sigri, pasó más de 60 días internada en el centro asistencial de Mengelle e Yrigoyen y la imputada concurrió a diario a visitarla una vez que salió de terapia intensiva. Durante todo el debate el abogado defensor, Juan Pablo Piombo, indagó a los testigos sobre entredichos y reclamos por parte de la acusada hacia el personal. Casi todos habían presenciado al menos una ocasión en la que Laila reclamó por demoras en el horario de visitas o porque la hacían salir de la habitación para realizar procedimientos. Ayer la querella realizó preguntas similares y una de las enfermeras aseveró que la travesti les advirtió: “Ustedes no saben con quién se meten, les voy a traer las cámaras de Crónica TV”, como finalmente reclamó durante la balacera.
Durante el ataque –según la testigo Pamela Zapata– “habló por celular con alguien y le dijo que iba a hacer justicia”.
En tanto, Walter Núñez, jefe del servicio de internación, contó ayer -por primera vez en todo el proceso- que escuchó a Laila afirmar que hasta que cumpliesen sus demandas “iba a seguir matando gente”.
Probada la autoría material y confirmada su imputabilidad -según dos peritos, las declaraciones serían claves ante la posible ampliación de la acusación.
 
Hubo que sacar a la travesti porque insultó a un testigo
Mientras caminaba a los tiros entre las habitaciones de sala general y terapia intermedia, Laila Díaz Sigri reclamaba a los gritos que un médico le pidiera perdón por Crónica TV y TN. Se trataba de Walter Núñez, uno de los jefes del servicio de clínica médica en el área de internación, quien ayer confió al tribunal que “se auto incriminó -por una presunta mala praxis- para lograr que se destrabara la situación, porque los pacientes y los empleados estaban en riesgo”. 
La travesti lo increpó en varias oportunidades y fue retirada de la sala durante el médico narraba cómo fue el sábado 23 de marzo, aunque no hubo intentos de agresión, algo que se temía teniendo en cuenta el importante operativo de seguridad desplegado en todo el juicio.
Núñez llegó hasta el primer piso de la clínica y luego declaró ante las cámaras, pero Laila se entregó antes de que se emitiera la nota.
 “El daño institucional, y a nuestras familias es irreparable. Perdimos una compañera, muchos empleados no pudieron volver a trabajar. Con mi familia nunca hablamos y fuimos juzgados por la sociedad porque se contaba una sola parte de la historia. Espero que haya justicia”, se descargó ayer el profesional.
 
En pleno ataque se dio el gusto de parar a desayunar
Laila Díaz Sigri taconeaba por los pasillos de la sala de internación, mientras en los baños de las habitaciones, debajo de las camas o de escritorios pacientes y empleados contenían la respiración, por el temor a que ingresara a sus escondites. Algunos trabaron las puertas con las camas de los enfermos.
Solo los gritos de la travesti exigiendo la presencia de Walter Núñez en los noticieros y los tiros rompían el silencio y hasta se escuchaban los monitores de los internados en terapia intermedia, una alarma para que enfermeros fuesen a verlos.
En uno de esos silencios se abrió la puerta de la habitación siete y alguien entró. Uno de los pacientes le contó a la enfermera Eugenia Toppi que escuchó el televisor y ruido de tazas. Se asomó por la puerta, apenas abierta, y vio a Laila desayunando. En el lugar, la acusada habría fumado un cigarrillo y antes de irse, dejó una bala de souvenir.