El adolescente de 15 años que fue baleado anteanoche en el barrio Anai Mapu fue trasladado a una clínica privada de General Roca para la realización de una serie de estudios que determinarían dónde quedó alojado el proyectil que recibió.
En tanto, personal de la Subcomisaría 81 sigue adelante con la investigación sobre este hecho y los otros dos incidentes que se registraron esa madrugada, que tuvieron como protagonistas a un joven que también fue herido con un arma de fuego y una familia atacada a tiros por una de las pandillas del sector, denominada Justicieros.
En ninguno de los casos se logró dar con los autores.
El menor se encuentra fuera de peligro pese a haber recibido un impacto de una bala que quedó alojada en su cabeza. Lo llamativo es que la víctima no integra ninguna de las bandas antagónicas del Mapu, conocidas como Justicieros y Petones, que suelen enfrentarse. Esta situación desconcertó a los agentes ya que las causas de la agresión son un verdadero misterio.
El lesionado comentó que estaba con un grupo de amigos en la esquina de Valcheta y Naciones Unidas cuando vieron pasar a dos personas en motocicleta. Pararon a pocos metros y abrieron fuego.
Por la gravedad de la lesión que presentaba el herido fue trasladado de inmediato hasta el Hospital Pedro Moguillansky, donde hasta ayer estuvo internado. “Tuvo suerte porque cuando lo fuimos a entrevistar para saber qué había pasado estaba conciente y recordaba el hecho. Estamos en plena investigación y esperamos, con los datos que hemos obtenido, poder dar con el agresor”, comentó uno de los uniformados que participa de las pesquisas.
Sin rastros
Simultáneamente, la Policía continúa tratando de dar con las personas que protagonizaron el violento ataque que sufrió una familia que vive sobre calle 17 de julio al 1.580 y con la persona que disparó contra un joven de 24 años en la toma 2 de Febrero.
En cuanto a la familia, se supo que empleados de la empresa Camuzzi debieron acercarse al lugar para constatar que no sufran una fuga de gas y reparar el caño que los agresores rompieron. La propietaria de la vivienda, una mujer llamada Marisol, madre de dos menores que fueron baleados en febrero, denunció que el grupo que los agredió tuvo la intención de prender fuego su casa. “Vinieron por todo. Quería matarnos”, comentó Marisol. La familia solicitó una custodia pero según aseguró la dueña del lugar, ningún efectivo quiso ir por miedo. “¿Qué policía va a arriesgar su vida por nosotros?”, se preguntó la mujer.
Por otro lado, se buscan pistas que ayuden a dar con el agresor de un joven que recibió una perdigonada en sus piernas pero hasta ayer los datos eran escasos. “Sospechamos que no quiso denunciarlo porque lo conoce y porque se deberían algo. De todas formas estamos en la primera etapa de la investigación y no descartamos ninguna hipótesis”, concluyó una fuente policial.