Es parte del paisaje habitual de la peatonal de Las Grutas en el verano. Cuando cae la noche ella aparece con un carro repleto de libros y los despliega en el piso, sin mesas ni luces ni ningún otro atavío, al lado de la coqueta feria de artesanos de la Primera Bajada.
Pelusa, como cuenta que la apodan desde joven, hace nueve temporadas que va al balneario rionegrino con su librería itinerante. El resto del año atiende un puesto en Parque Rivadavia junto a una de sus dos hijas.
“Yo vendo cultura, como la de los artesanos o los artistas callejeros”, sostiene Victoria Cofré, la librera con espíritu bohemio ronda los 70 y luce un pelo blanco como la ceniza, que se le embrolla con el viento marino.
Habla calmo, con una voz apenas perceptible que transmite serenidad. Pero resalta que ahora está tranquila, ya que cuando recién llegó tuvo algunos problemas con los inspectores municipales, pues le pedían habilitación para ocupar el lugar. Incluso amenazaron con secuestrarle los volúmenes.
Pero la aparición de un grupo de artesanos que intervino ante las autoridades permitió que le concedieran una autorización, que luego se fue prorrogando verano a verano. Tampoco le es gratis, ya que debe pagar 28 pesos de canon diario.
“¿Si me deja ganancia?”, reitera la pregunta con asombro. “Me deja vivir”, se contesta. Ya que a ese monto que le abona a la comuna también tiene que agregar el del camping en el que se aloja, otros 70 pesos, un poco más caro que los demás porque esta ubicado cerca del centro, y ella prefiere evitar las varias cuadras que tiene que caminar tirando el changuito.
Es que padece un problema en la columna detectado cuando aún era una niña, y posee un certificado de discapacidad. Por eso optó por dedicarse al comercio artesanal.
De joven también estudió actuación y hasta logró un papel en una producción con la actriz Blanca Lagrotta. “Vos no la conociste, pero trabajó mucho con (Alberto) Migré”, resaltó con orgullo.
Un lugar para vivir
Siempre sola, antes de desembarcar en la costa rionegrina, Pelusa recorrió otros centros turísticos de la Patagonia, como El Bolsón y El Calafate.
Fue Melina, una de sus chicas, quien le aconsejó visitar este balneario. Le hizo caso y no bien recorrió el lugar tras bajar del colectivo, quedó cautivada. Tanto que sueña con no irse más.
“Me encantaría quedarme a vivir acá. Quiero pasar mis últimos días en Las Grutas”, asevera.
De hecho, inició los trámites para adquirir un terreno fiscal, pero el tener residencia en Buenos Aires es un impedimento para acceder a uno a precio social y lo que piden en el mercado inmobiliario le es imposible pagar. Llegó hasta nombrar un abogado local para fortalecer el reclamo, pero la experiencia fue desastrosa.
“Perdí 6 mil pesos hace ocho años, imaginate lo que valía esa plata”, recuerda con amargura.
Pero no se rinde y planea viajar a Viedma a efectuar un trámite que le pidieron para hacer realidad su sueño.