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Sin dormir por las noches, Tarzán resiste en su árbol

Teme que lo vengan a amenazar. Lo ayudan amigos y vecinos.
Miguel Fernández, conocido como el Tarzán cipoleño por vivir en la copa de un sauce, sigue en guardia para evitar intimidaciones y ratificó su decisión de seguir habitando en el predio de El 30 donde se encuentra el árbol y sus demás pertenencias. "Ya no duermo por las noches", manifestó y refirió que en sus largas vigilias a veces lo acompañan algunos vecinos y amigos que apoyan su causa.

Hace dos años que se construyó su hogar arborícola. Lo hizo porque la vieja casa en que vivía desde 2004 empezó a derrumbarse, con riesgo para su vida. El terreno en el que reside es reclamado, vía Poder Judicial, por integrantes de la familia Boronobeik, pero él sostiene que por cuidar el lugar nunca le pagaron nada y por ello reclama 1.500.000 pesos a modo de indemnización. Sólo si le cancelan ese monto está dispuesto a irse.

Mientras, está resuelto a permanecer en la parcela, de 60 por 40 metros, y continuar con su quehacer cotidiano sin cambiar sus hábitos. Salvo el del sueño nocturno, porque no quiere que lo sorprendan y por ello no pega un ojo custodiando la eventual aparición de merodeadores que quieran espantarlo, como ya ocurrió un par de veces en días pasados.

Por lo pronto, se mostró agradecido por el apoyo que ha recibido, incluido el de la referente del Foro por la Tierra y la Vivienda, Lilia Calderón, que visitó recientemente el sector.

Además, está procurando hacerse de los servicios de un abogado para que lo asesore ante la requisitoria del juez Alejandro Cabral y Vedia para que concrete el desalojo. El extenso escrito que recibió hace una semana merece ser leído por un profesional de las leyes.

Fernández afirma contar con el apoyo de numerosos testigos de su radicación y actividades en el predio y confía en tener los argumentos suficientes para defender su postura.

Convertido en un atípico residente de un árbol, se lo observa tranquilo y a gusto con los numerosos perros, de todo tamaño y pelaje, que lo acompaña. No piensa cambiar de residencia, ni entre la fronda ni en el terreno del que lo quieren desalojar.

Y mantiene inalterable su buen humor. Si antes ironizaba que le faltaba la Jane de Tarzán, ahora bromea con que también le gustaría contar con la mona Chita.