El tarifazo llegó sin aviso previo, e incluso ayer en las unidades no había ningún letrero con el nuevo cuadro de precios. Por eso, muchos pasajeros no se enteraron hasta que no escucharon a algún ocupante del micro masticando su bronca. Es que, con el boleto electrónico, el pago del pasaje se convirtió en un acto mecánico. Los pasajeros indican el destino y pasan la tarjeta por la máquina, retiran el boleto y buscan un asiento. Como no hay vuelto ni intercambio de dinero, la mayoría ni siquiera mira el papel.
La medida, sin embargo, era temida por muchos usuarios debido a que el valor del tren, sin la SUBE, es de $7. Se esperaba un reclamo de las compañías que hacen el recorrido Cipolletti-Neuquén, ya que sus costos son mucho mayores a los del servicio ferroviario. La coincidencia con la reapertura del ramal, sin embargo, resultó por demás llamativa.