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Siguen las dudas por la salud de los ríos

La incertidumbre por la contaminación de los cursos fluviales de la región no ha podido ser disipada, pese a las afirmaciones de la Autoridad de Cuencas y el DPA. La preocupación persiste.
A esta altura, la calidad del agua de los ríos de la región se ha convertido en una fuente constante de tirantez entre organismos como la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC) y el Departamento Provincial de Aguas (DPA), por un lado, y municipios como el de Cipolletti y legisladores provinciales, por el otro.
Como no se trata, por cierto de un tema menor sino claramente mayor ya que está involucrado el medio ambiente, el debate franco y las opiniones encontradas resultan por demás positivos en todos sus aspectos. A la verdad se debe llegar siempre por el aporte de elementos concretos de todos los sectores, y no sólo por los de una sola voz, monopólica, por más interesante y firme que pueda parecer.
La AIC y el DPA rionegrino han sido enfáticos en su rechazo de la posibilidad de que haya ríos contaminados. Ambas entidades han mencionado, en defensa de su argumentación, la realización de monitoreos constantes en los cursos fluviales, incluidas las zonas balnearias. El DPA, además, ha destacado la existencia de plantas de tratamiento de líquidos cloacales en gran parte de las ciudades ribereñas de la provincia.
Sin embargo, estudios como los que viene efectuando con alguna periodicidad el municipio de Cipolletti han revelado la presencia de un peligroso microorganismo, la bacteria Escherichia Coli, que suele estar relacionada con la contaminación por aguas servidas.
También han dicho lo suyo legisladores como los cipoleños Fabián Gatti y Luis Bardeggia, quienes han puesto mucho énfasis en la necesidad de profundizar los controles. El primero ha planteado, entre otras cuestiones, que se efectúen cambios en la AIC, para que exista la posibilidad análisis independientes en su seno. Bardeggia, por su lado, ha impulsado y concretado estudios de los efluentes de la planta depuradora local, con resultados que indican la presencia de materias contaminantes que se vuelca al río Negro.
No solamente desde Cipolletti se han levantado voces de alarma. Referentes de otros puntos de la provincia también han manifestado su profunda inquietud. Es el caso de la legisladora Magdalena Odarda, quien ha pedido la intervención del Parlamento Patagónico a fin de que se busque encaminar y remediar el proceso de eutrofización (presencia anormal de nutrientes en un medio acuático) y la contaminación petrolera, industrial, agrotóxica y cloacal que padecerían el lago Nahuel Huapi y la cuenca regional.
La polémica está abierta y su conclusión satisfactoria todavía no tiene un horizonte cercano. Por lo pronto, conviene recordar que, en el caso de Cipolletti, las consecuencias de la falta de una visión consensuada e integral han impedido que la ciudad cuente con un balneario público habilitado. Pasan los veranos, y la población no tiene adónde acudir, pese a que el ejido urbano tiene costas en tres ríos: el Limay, el Neuquén y el Negro.
Además, la sola posibilidad y aun la sospecha de que los cursos fluviales estén contaminados ya es motivo de alarma, por la protección que se debe al medio ambiente y por la defensa de la calidad de vida de las personas que viven en la ciudad y en toda la región.
La búsqueda de un entendimiento entre los principales actores de este debate permitirá a la larga superar la diferencia de visiones. No puede extenderse demasiado en el tiempo una visión de las cosas tan contraria y enfrentada, cuando los recursos técnicos y humanos disponibles no pueden  dejar lugar a dudas.