El último día de Diana fue como cualquier otro hasta las 20, cuando salió hacia su consultorio, ubicado al lado de su casa. Esa fue la última vez que sus familiares la vieron con vida.
Algunas personas que se acercaron al consultorio dirían después que escucharon algunos gemidos, pero supusieron que se trataba de algún paciente dolorido. Sin embargo, eran los estertores producto de la agonía de la profesional.
Su marido, Pablo Scilipoti, fue quien la encontró muerta. Le llamó la atención la demora de su mujer, quien no había llegado a cenar. Al ingresar la encontró, ya sin vida, tirada en el piso en medio de un mar de sangre.
La investigación desde un principio pareció ir a la deriva. En los primeros meses poco fue lo que se hizo. Sólo lograron establecer que el móvil no había sido un robo ni algo pasional. El resto estuvo siempre en una nebulosa y así sigue hasta el día de hoy.