Los accidentes se repiten en las rutas de la región y las muertes se multiplican, pero es poco lo que se hace al respecto. La imprudencia, el estado de los caminos y la superpoblación de vehículos hacen un combo explosivo que parece incontrolable.
El acceso al tercer puente y el esanchamiento de la autovía 22 son obras que permanecen estancadas y que podrían servir de paliativo para esta situación que enluta cada dos por tres al Alto Valle.
Descongestionar el tránsito en las horas pico, principalmente en la zona comprendida entre General Roca y Plottier, es un desafío que las autoridades gubernamentales de Río Negro y Neuquén asumieron hace tiempo. Pero los trabajos avanzan a cuentagotas.
Para los cipoleños, el caso más preocupante es el de la Ruta 151, donde debe realizarse una rotonda en la intersección de Circunvalación Arturo Illia. De esta obra depende la habilitación del postergado tercer puente con el que se daría un alivio al tan congestionado cruce interprovincial de Ruta 22, por donde pasan más de 30.000 vehículos por día.
Al respecto, desde Vialidad Nacional aseguraron que los accesos, en ambas márgenes del río, estarían listos antes de mitad de año. Sin embargo, el inicio de las tareas se demora y la incertidumbre se acrecienta. En la autovía 22 el panorama es similar. La ampliación del ancho de la trazada proyectada permitiría un tránsito más fluido, lo que redundaría en una mayor comodidad para los automovilistas y -se espera- en una menor cantidad de accidentes.
En la actualidad, la circulación por esta carretera se vuelve por momentos tediosa, casi a paso de hombre según la hora. Ante esta situación, es muy habitual que muchos conductores opten por la imprudencia para llegar minutos antes a destino. Algunos realizan sobrepasos con muy poco margen de distancia, mientras que otros optan por transitar por las irregulares banquinas poniendo en riesgo su propia vida y la de terceros. A esto hay que sumarle la gran cantidad de caminos rurales que desembocan y atraviesan la calzada, como así también las entradas a las chacras, lo que multiplica los peligros teniendo en cuenta que constantemente hay rodados subiendo y bajando de la ruta. Y, como si fuera poco, en el verano se suman los turistas de paso y los camiones que llevan las frutas producto de la cosecha.
La postal de años atrás continúa repitiéndose hoy. El panorama poco cambió, mientras los muertos por accidentes viales continúan poblando los cementerios del Alto Valle.