El saber popular afirma que alguien que está en la ruina “no tiene dónde caerse muerto”, algo que pudo transformarse en norma en una ciudad cuya población creció exponencialmente y mantuvo el mismo cementerio que cuando era un pueblo. Sin embargo la posibilidad de un colapso se ha disipado y las autoridades municipales consideran que el lugar podrá responder a la demanda “al menos por dos años más”, según expresó el titular de Servicios Públicos de la comuna, Francisco Jauregui.
Para revertir la situación se implementaron iniciativas que la comuna busca establecer como norma para el funcionamiento del cementerio. El paso más sencillo consistió en endurecer el control a los arrendatarios de parcelas que adeudaban pagos. Las otras medidas apuntan a un cambio cultural: la comuna ofrece nichos y no sepulturas, e intenta hacer crecer el número de cremaciones.
El lugar recibe tres cuerpos por día, lo que torna complejo encontrar lugares donde darles reposo eterno. “Apuntamos a los nichos, que antes no eran tan utilizados. La obra que estamos haciendo nos permite dar respuestas a muchas familias y vamos a seguir, sumando una cuarta fila que construiremos en una segunda etapa”, explicó Jauregui.
La ampliación estaría lista antes de la finalización de octubre y aportará 180 unidades. Así se descomprimirá una situación que ha generado preocupación en la comuna y polémica entre los vecinos. Durante las intimaciones a deudores hubo denuncias de que se intentaron cremar los deudos de personas que estaban al día con los pagos. Hubo cruces y denuncias judiciales, aunque la mayoría de los casos fue resuelta.
El sistema de cremaciones, afirmó Jauregui, también comenzó a ser más utilizado y el Municipio lo ofrece como una alternativa a la sepultura tradicional.
A pesar de las medidas aplicadas, en la comuna aseguran, que se mantiene la proyección de un nuevo espacio para evitar una nueva crisis en el mediano plazo.