En «estado de quiebra y extinción», los productores medianos y pequeños afrontan otra temporada crítica. Mientras sus frutales empiezan a florecer por estos días, la actividad no atraviesa una época de auge y ésto ya no es nuevo.
Hace unos días, los productores se definieron en vías de desaparición, y decidieron plantear a la comunidad la situación crítica por la que pasan. Reclaman la intervención de todos los sectores en una problemática que afecta a la economía regional. «Quiebra porque los números no dan, ni siquiera se cubren los costos de producción. Y extinción porque cada vez somos menos los que sostenemos esta actividad, absorbida año a año por las grandes empresas que son las que siguen creciendo», asegura Manuel Mendoza, quien fue reelecto al frente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén.
El reclamo de los chacareros ya casi forma parte del paisaje valletano. Pero lejos de constituirse en un lamento vacío, suma datos que fundamentan su pedido de asistencia: la Mesa de Contractualización Frutícola, creada como herramienta jurídica y de respaldo para el productor en la transacción de su fruta, apenas es utilizada. En la reciente temporada sólo hubo 406 contratos, mientras que entre 2006/2007 llegaron casi a los 1.500. «Es una ley de adhesión voluntaria, obviamente la rentabilidad de las empresas está muy por arriba de los beneficios impositivos que ofrece la adhesión, por eso cada vez son menos» explica Mendoza.
Los productores se quejan porque a la hora de la liquidación de su cosecha, reciben mucho menos que el valor de referencia acordado entre INTA, Federación y Secretaría de Fruticultura. Los famosos U$S 0,29 están lejos de lo que realmente perciben después de un año de trabajo en la chacra. Ronda los U$S 0,20 para los que supieron negociar su producción.