Fernández Oro se consolida como polo productivo de lúpulo con una cosecha estimada de 100 mil kg en 2025. Desde adentro, conocemos el proceso.
Con una inversión sostenida, tecnología y un equipo de profesionales comprometidos, Fernández Oro se posiciona como un actor clave en la industria del lúpulo en Argentina. La proyección de crecimiento y la constante innovación permiten vislumbrar un futuro prometedor para este cultivo, que es esencial para la industria cervecera.
Río Negro está consolidada como una de las principales provincias productoras de lúpulo (Humulus lupulus) en Argentina, un ingrediente clave para la fabricación de cerveza. Si bien muchos asocian su producción con El Bolsón, que concentra aproximadamente el 80% del total nacional, el Alto Valle también presenta condiciones excepcionales para el cultivo.
En este contexto, Cervecería y Maltería Quilmes lleva adelante un proyecto de producción en Fernández Oro, una chacra que ya cumplió 50 años y que en la presente temporada alcanzará una cosecha histórica de 100 mil kilogramos de lúpulo, superando la producción del 2024. Con una constante inversión y la utilización de 61 hectáreas productivas, la chacra se convirtió en un polo para la industria.
El ingeniero Gastón Catalini, responsable de la Chacra Fernández Oro, destacó el crecimiento del proyecto: "Esta cosecha va a ser muy buena y muy productiva respecto del año pasado. Estimamos que vamos a cosechar alrededor de 100 mil kilogramos de lúpulo en total. Estamos muy contentos con los resultados y con lo que falta aún por finalizar".
Sobre la demanda del mercado, Catalini subrayó: "El mercado local está creciendo desde hace varios años y la realidad es que la producción nacional todavía no alcanza a abastecer la totalidad de la demanda. Esto abre la posibilidad de seguir creciendo, incorporar nueva superficie de cultivo y contratar con más mano de obra, dado que el lúpulo requiere mucho trabajo de campo y genera fuentes de empleo".
En términos de tecnología e innovación, el ingeniero resaltó: "La compañía está enfocada en mejorar la seguridad del personal y en aplicar más tecnología en el campo e industria. Estamos avanzando hacia el uso total de cosechadoras mecánicas, eliminando gradualmente las torres manuales. Esto nos permite mejorar la eficiencia, aumentar la productividad y reducir riesgos para los trabajadores".
Por su parte, Juan Mitjans, director de Asuntos Corporativos de Cervecería y Maltería Quilmes, reafirmó la importancia de la chacra en el desarrollo de la compañía: "Somos una empresa con 135 años en Argentina y esta chacra cumplió 50 años el año pasado. Estamos muy contentos con su evolución, ya que representa un pilar fundamental de nuestro agronegocio en el país".
Mitjans también destacó la inversión realizada en 2022: "Destinamos 3,5 millones de dólares para duplicar la superficie de cultivo. Actualmente contamos con 61 hectáreas y más de 100 personas trabajando, desarrollando las mejores variedades de lúpulo del país y posicionando a Fernández Oro como un centro productivo de relevancia nacional".
Cada hectárea de la chacra cuenta con aproximadamente 1.500 plantas de lúpulo. La producción en esta región de la Patagonia es única debido a la cantidad de horas de luz que recibe, factor clave para el crecimiento de la planta, que puede alcanzar entre 5 y 7 metros de altura. Estas son guiadas con hilos de fibra de coco, importados desde Sri Lanka del sur de Asia, que brindan un mejor agarre y que luego, pueden ser compostados tras la cosecha, reduciendo el impacto ambiental.
El proceso de producción atraviesa distintas etapas:
Durante el crecimiento, la planta puede alcanzar un ritmo de 15 a 20 cm por día y debe ser enrollada en sentido horario para maximizar la exposición a la luz solar.
La cosecha se realiza al inicio del otoño mediante un despliegue logístico que combina trabajo manual y mecanizado. Aún se utilizan equipos de cosecha manual, con operarios que trabajan en grupos de cuatro, pero la compañía está migrando progresivamente hacia un modelo 100% mecanizado para optimizar tiempos y mejorar la seguridad laboral.
El lúpulo recolectado es transportado a la planta de procesamiento, donde se separa la flor del tallo y hojas. Luego, pasa por un sistema de secado controlado para estabilizar sus propiedades, tras lo cual se compacta en gránulos mediante el proceso de peletizado. Estos pellets se envasan al vacío y se almacenan en cámaras de frío antes de ser distribuidos según la demanda de la cervecería. En esta etapa, la planta opera las 24 horas en tres turnos.
Desde hace dos años, la chacra Fernández Oro lleva adelante un programa experimental de cruzamiento de lúpulo, con el objetivo de desarrollar nuevas variedades adaptadas a las condiciones locales. Actualmente, se cultivan variedades como Victoria y Nugget (aportan amargor a la cerveza), Nahuel, Mapuche y Cascade (brindan aromas característicos) y Gaucho (de doble propósito).
Además, la planta industrial de Fernández Oro recibe anualmente cerca de 130 mil kilogramos de lúpulo proveniente de El Bolsón y Lago Puelo, adquiridos a productores locales que cumplen con los estándares de calidad requeridos por la compañía.
El área de investigación también trabaja en el desarrollo de tecnologías aplicadas al proceso productivo, desde innovaciones en software hasta maquinaria específica. A su vez, la chacra mantiene colaboraciones con organismos nacionales como el INTA, SENASA y el Instituto Nacional de Semillas (INASE) para continuar mejorando la calidad y sustentabilidad del cultivo.
La actividad lupulera en el Alto Valle representa un desafío constante para lograr abastecer al mercado local de la Argentina, considerando que el mayor porcentaje de lúpulo utilizado por la industria, hasta el momento, sigue siendo importado. Sin embargo, se abre el abanico de posibilidades para diversificar la producción en esta región patagónica que sigue brindando oportunidades a pymes y grandes compañías.