El reconocido cantautor, que murió a los 81 años, vivió parte de su infancia en Allen y se formó como seminarista en Viedma.
Piero de Benedictis, una de las voces más reconocidas de la música popular argentina, murió a los 81 años. Su partida vuelve a poner en primer plano una historia que también tiene un fuerte vínculo con Río Negro.
Nacido en Italia el 19 de abril de 1945, Piero llegó a la Argentina cuando era niño. Su familia, integrada por su padre Lino, su madre Ornela y su hermana Gabriela, se instaló inicialmente en Banfield, en el sur del Gran Buenos Aires.
Pero en 1951 la familia tomó una decisión que marcaría la vida del futuro cantante: se mudó a Allen, donde su padre pudo continuar con su negocio de radios y tocadiscos.
Fue en esa localidad del Alto Valle donde Piero cursó la escuela primaria y comenzó a acercarse a la música.
Su relación con Río Negro no terminó en Allen. Años después, Piero llegó a Viedma, donde inició su formación como seminarista antes de continuar sus estudios en Villa Devoto.
Esa etapa tuvo una profunda influencia en su desarrollo personal y artístico. Allí tomó contacto con sacerdotes vinculados al movimiento tercermundista, entre ellos Alejandro Mayol, Eliseo Morales y Carlos Mugica.
Aquellas experiencias ayudaron a moldear una sensibilidad social que posteriormente se convertiría en una de las características centrales de sus canciones.
Su formación también estuvo atravesada por las ideas del religioso, paleontólogo y filósofo francés Pierre Teilhard de Chardin, cuya influencia alcanzó a varios de los sacerdotes con los que tuvo contacto.
En 1968 conoció al escritor José Tcherkaski, con quien formó la dupla Piero-José.
Un año después llegó una canción que terminaría convirtiéndose en una de las más recordadas de la música popular argentina: “Mi viejo”.
La canción logró transformar una historia íntima sobre la relación entre un padre y un hijo en una emoción compartida por generaciones. Con el paso de los años, fue interpretada por numerosos artistas y se convirtió en un clásico.
Pero su repertorio fue mucho más amplio. “Pedro Nadie”, “Juan Boliche” y “Coplas de mi país” también reflejaron su mirada sobre la vida cotidiana, las desigualdades y las historias de la gente común.
La trayectoria de Piero también estuvo atravesada por el exilio político en España. Tras regresar al país, retomó su actividad musical y continuó ofreciendo recitales y grabando canciones.
Su obra mantuvo siempre ese equilibrio entre las historias personales y una fuerte sensibilidad social, una característica que lo acompañó desde aquellos años de formación.
Además de la música, impulsó la Fundación Buenas Ondas, dedicada a iniciativas vinculadas con la niñez. En 1985 recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex, como reconocimiento a su trayectoria.
Para muchos argentinos, Piero será recordado por la voz de “Mi viejo”. Pero en Río Negro queda además otra parte de su historia: la del niño que llegó con su familia a Allen, descubrió allí su vínculo con la música y luego pasó por Viedma, donde profundizó una formación que terminaría influyendo en su obra.
Su recorrido por la provincia fue mucho más que un capítulo de su infancia. Fue parte de los años en los que comenzó a construirse el artista y la mirada social que después llevaría a sus canciones.