En lo que va de la pandemia, los proteccionistas particulares e independientes, con ayuda de la comunidad, han logrado castrar a unas 1000 mascotas, entre perros y gatos. Se trata de una cifra enorme, teniendo en cuenta que el Municipio ha estado meses y meses sin realizar esterilizaciones, en principio por las restricciones a la expansión del coronavirus y también por casos de contagio en el personal.
Ante lo que consideran una notable ausencia del Estado, los cipoleños que se sensibilizan por el destino de las mascotas no se han quedado de brazos cruzados y han procurado los medios, a través de la solidaridad de la población, de poder cumplir con la meta de controlar el aumento de la población canina, gran parte de ella desamparada o directamente abandonada a su suerte.
Si bien no son muchos, los proteccionistas están cumpliendo una función esencial, porque el descontrol en el número de canes, y en parte de los felinos también, puede traer aparejado el riesgo de plagas y enfermedades para los seres humanos. Hay, en el fondo, un problema de salud pública al que no se le presta toda la atención debida.
Así como ha ocurrido en Las Perlas, en Cipolletti también se está observando que las garrapatas avanzan como nunca y se están convirtiendo en una plaga peligrosa debido a las dolencias que pueden acarrear para los animales y para las personas. Días atrás, se supo que el Municipio iba a atender los reclamos perlenses en la materia y es de esperar que se siga avanzando por esa senda.
Desde el sector de los proteccionistas, se comentó que la atención de los perros abandonados requiere en particular de muchos gastos, en materia de alimentación, cuidados sanitarios y, si hay que castrarlos, en todo lo que se requiere para solventar el pago a los veterinarios que desarrollan la labor, no sin colaboración de los propios profesionales, que también saben ejercer la solidaridad.
Un dato no menor es que los proteccionistas independientes suelen desplegar su labor en los barrios más humildes, de la periferia, como Santa Elena, El 30 y cerca del basural. Por fortuna, en la ciudad ha calado hondo la problemática de los animales, siendo una comunidad que responde generosamente a las necesidades de solidaridad. Muchos cipoleños, sienten un profundo aprecio por las mascotas, tanto perros y gatos, y ayudan, aún en medio de estrecheces económicas, para que el cuidado y las castraciones se puedan llevar adelante.