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Por el aumento de precios, tuvo que cerrar su carnicería

Jorge Uribe es un cipoleño que se vio obligado a bajar la persiana de su emprendimiento, que le costó dinero y sacrificio.

Un comerciante cipoleño tuvo que cerrar su emprendimiento acuciado por los constantes aumentos de los productos y una merma considerable en las ventas.
Se trata de Jorge Uribe, quien hace una semana bajó la persiana de una carnicería que había demandado una gran inversión, tanto económica como de trabajo y tiempo.
Su negocio funcionaba en el interior del supermercado Panda, ubicado en calle Miguel Muñoz 760 y cuyos propietarios son de origen chino.
Allí alquilaba el espacio por $70 diarios, donde se dedicaba a vender carne vacuna y de pollo. A pesar de haber tenido un comienzo promisorio en la actividad, al poco tiempo todo comenzó a revertirse, según contó Jorge.
“Los precios comenzaron a aumentar de a poco pero a paso sostenido y cada vez era menor el margen de ganancia. Yo, de igual manera, trataba de no aumentar el precio al cliente pero llegaba un momento en que era imposible seguir sosteniéndolo”, explicó.
En total, el negocio duró sólo cuatro meses, tiempo suficiente para que el cipoleño se percatara de lo cuesta arriba que se vuelve prosperar con un nuevo comercio.
“En el último tiempo era todo cada vez peor, hasta que tomé la decisión de dejar de alquilar. Porque el precio de la carne no paraba de subir y no sabía cuánta carne bajar, porque se vuelve imprevisible", lamentó.
El kilo de asado, durante la semana pasada, llegó a venderlo a 68 pesos, aunque aseguró tener conocimiento de algunos lugares en los que ya se comercializa a $80.
Con respecto al comportamiento de los clientes, Jorge comentó que “en la primera mitad del mes, cuando la gente recién cobra, las ventas eran bastante buenas, pero después del 15 caían rotundamente. Muchos hacen cadenas con sus tarjetas, pero igual comenzaron a comprar menos”.
El frustrado carnicero explicó que “no hay cómo sustentar el negocio, salvo que cuentes con una cámara y puedas guardar, si no se hace imposible”.
Jorge vive en un departamento en el barrio Rosauer junto a su mujer y sus dos hijos. Hoy está sin trabajo, aunque espera tener éxito en la búsqueda que comenzó, para poder costear sin problemas sus gastos cotidianos y los de sus seres queridos.