ver más

Persiste la contaminación de las aguas del río Negro

Se mantendrá la prohibición de bañarse en el viejo balneario de la Isla Jordán. Un informe del DPA indica que todavía existe una proporción de microorganismos nocivos para la salud mayor a lo recomendable.

El río Negro, a la altura de la Isla Jordán, no podrá ser utilizado todavía para bañarse ni para otras actividades recreativas acuáticas por presentar todavía niveles de concentración de bacterias patógenas superiores a lo establecido por las normas sanitarias.

Por tal motivo, el único lugar público permitido para darse un chapuzón seguirá siendo la pileta municipal de la Isla, que comenzó a funcionar el pasado viernes 16 y que este año estará disponible de martes a domingo, en horario de 14 a 20, con un cupo máximo de 2.000 personas por jornada.

Se recordará que el llamado “balneario” de El 30 en realidad no es un balneario, sino un amplio y hermoso espacio verde, ubicado a la vera del canal principal, en el que está prohibido bañarse. Quienes, pese a todo, se meten a las aguas corren un serio peligro por el caudal del cauce.

El intendente Claudio Di Tella indicó este lunes que la semana pasada recibió un reporte del Departamento Provincial de Aguas (DPA) sobre la calidad del agua en el río, en la zona de la Isla Jordán. Lamentablemente, los análisis que ha efectuado el organismo han puesto de manifiesto que todavía existe una proporción de microorganismos nocivos para la salud mayor a lo recomendable, por lo cual no se puede habilitar por el momento el sector para nadar ni para otras actividades acuáticas.

La repartición seguirá monitoreando el grado de contaminación del caudal y no se descarta la posibilidad de que en los tres meses de verano que hay por delante se pueda autorizar el uso recreativo del curso fluvial, siempre y cuando la presencia de patógenos no exceda los límites establecidos.

El balneario de la Isla Jordán no puede ser utilizado por la población desde hace 26 años. Fue durante la ex gestión de Julio Arriaga cuando se tomó la determinación de prohibir su uso recreativo. Desde entonces, salvo algún breve período en que aflojó algo la veda, los cipoleños deben contentarse con mirar el río, hermoso y poderoso como es, pero no pueden darse un chapuzón para huir del calor. Igual, hay audaces que lo hacen, pero arriesgan a contagiarse alguna enfermedad que siempre es mejor evitar.

También es un peligro porque en el lugar no hay guardavidas y en esas condiciones lo mejor es no tentar a la suerte.