Por lo que se conoció ayer, la posición del propietario Carlos Romero no cayó para nada bien en la toma Barrio Obrero A. Había grandes expectativas en el sector en cuanto a llegar a un acuerdo para la adquisición del predio ocupado.
Fuentes consultadas atribuyeron la postura de Romero a un presunto interés de "especular" con el precio de las tierras, en particular, tras la predisposición que mostró el intendente Abel Baratti de buscar soluciones para los asentamientos ilegales que hay en Cipolletti.
"Esto se acabó, Romero no quiere arreglar", se escuchó decir a participantes de la toma, quienes indicaron que será clave para el futuro del lugar una asamblea que se ha convocado para analizar la situación.
En la toma Barrio Obrero A habitan 462 familias, siendo por ello una de las más grandes existentes en la actualidad en Cipolletti. Su eventual desalojo generaría problemas sociales incalculables y difíciles de imaginar, máxime que gran parte de los grupos familiares ya cuenta con viviendas de material terminadas o en vías de hacerlo.
Así las cosas, los ocupantes ya consideran la alternativa de solicitar al gobierno municipal y provincial que se avance en la expropiación de las tierras, como única salida posible al conflicto.
El problema de la tierra y la vivienda es, en Cipolletti y en todo Río Negro, uno de los más candentes y por ello requiere de respuestas prontas.