Tanto que hoy, esa confrontación apenas podría atraer medio millar de espectadores.
Equipos de Regina (Estrella del Sur en su momento, Regina y Círculo después) y Unión Alem Progresista no quedaron fuera de esa “vidriera” como epicentros atractivos cuando les tocaba medirse con aquellos dos “grandes” de la zona.
Como la idea de integrar esta nueva liga con su similar del Neuquén –intentada más de una vez y probado con competencias que no pasaron de la informalidad competitiva- no prosperó, cada cual siguió su rumbo. Y así, la Deportiva Confluencia (o Confluencia como la llama hoy la mayoría) ha continuando desarrollando su calendario con más o menos equipos, aunque con una atracción bastante relativa. O, si se prefiere, lo único que atrapa del todo es ser campeón por el beneficio de ir a un certamen regional o nacional. Premio para uno, por supuesto. Y no está mal que sea así, pero en el fondo sin algún otro matiz que ayude al protagonismo global, como pudo haber sido un desglose con una división superior y otra de ascenso, que serviría quizá como incentivo para la gran mayoría de los participantes. Todos saben la relevancia que suele contener la lucha por el ascenso o descenso; casi equiparable a la de ser campeón.
Pero si eso alguna vez se habló, eso quedó ahí. En la mesa del debate. La dirigencia no se animó o no quiso. Siempre se pateó la pelota para adelante; sin saber siquiera qué había adelante. De ese modo, los torneos siguieron y el único “sube y baja” fue de los clubes que un año decidían no participar para volver luego; o bien algún nuevo afiliado.
Ahora acaba de ingresar Chichinales. Y hay que aplaudir que se abran puertas para quienes tengan deseos de superación.
Sin embargo, el destino será el mismo e irreversible. Uno más para agregar al montón. Una lástima que pasen los años y no se les ocurra organizar algo mejor.
Así anda nuestro fútbol “chacarero”; el de cada semana.