El ministro de Salud, Luis Fabián Zgaib, aseguró que el Estado rionegrino no puede intimar a las clínicas privadas de Cipolletti a que arbitren los medios necesarios para reanudar y sostener la guardia pediátrica. “No se lo podemos exigir”, sostuvo el funcionario.
En diálogo con LM Cipolletti, agregó que lo único que pueden hacer como autoridad de aplicación es habilitar o inhabilitar el servicio cuando éste no cumple con alguna de las condiciones requeridas por el Estado.
En el caso concreto de las guardias pediátricas, el ministro dijo que lo que se puede hacer es “darla de baja” e imponer sanciones y multas para el caso de que la clínica quiera volver a habilitar este servicio.
“Formalmente no podemos accionar contra las clínicas para que tengan guardia pediátrica”, reiteró Zgaib.
Como mucho, se les puede pedir de manera informal que busquen la manera de volver con éstas para dar solución a un problema de gran alcance social, que termina absorbiendo el hospital.
Ocurre que si el Estado certifica que, efectivamente, la clínica ha dejado de atender la demanda infantil, además de inhabilitar este servicio, el ministro apuntó que siempre están los hospitales públicos para “hacer ese sostén”.
En efecto, el único establecimiento asistencial de la esfera pública que abre la puerta los 365 días, las 24 horas, en Cipolletti, es el Hospital Moguillansky. Cuenta con dos pediatras para atender la demanda de pacientes internados y recibir las consultas externas por guardia.
Desde que las clínicas privadas, como el Sanatorio Río Negro y el Policlínico Modelo, dejaron de prestar este servicio, reciben la demanda de padres y madres con cobertura social, sumados a la demanda habitual de pacientes que atiende el hospital.
“El hospital sostiene este tipo de servicios”, ratificó Zbaig, aunque a costa de recargar a los profesionales que hacen guardia.
“Los recibimos igual, porque el hospital no puede rechazarlos. Pero estamos sobrecargados”, confesó, en su momento, la pediatra Andrea Vázquez.
A falta de guardia pediátrica en otros sitios, el hospital recibe por lo menos un tercio más de consultas, sobre todo después de las 20, cuando cierran los consultorios externos.
Algo similar ha ocurrido con las guardias generales, aunque con menor frecuencia que en pediatría, donde sólo hay un profesional por turno para asistir a los pacientes internados, las urgencias y las emergencias.
Dicen que no hay pediatras para absorber la demanda en el sector privado, a lo que se añade otra circunstancia que el ministro no quiso pasar por alto. “Si los profesionales no hacen guardias, supongo que será porque no se las pagan. Pero también es una realidad que las nuevas generaciones son muy reacias a prestar este servicio, más allá de lo que les paguen por eso”, advirtió.
Al problema de acceder a una consulta por guardia pediátrica, se le añade la dificultad de derivar a los niños con obra social que necesitan ser internados cuando requieren cuidados intensivos y en el hospital no hay lugar. O bien, la carencia de profesionales en el sector privado para hacer guardias de adultos.