El vínculo entre el golpeador y la joven, que tiene domicilio en las 432 Viviendas, nació cuando ella tenía 15 años. La
violencia diaria que se vio obligada a soportar no la hizo dudar a la hora de poner un punto final a la relación. Se cobijó en la Ley 3040 y pensó que podía iniciar una nueva vida, pero se equivocó. Destacó que la restricción de acercamiento no sirvió y las amenazas son permanentes: "Me persiguen, fueron a buscarme a la casa de mi mamá, en la puerta de mi casa, en todos lados hubo violencia".
El último episodio fue uno de los más salvajes y sucedió el lunes, alrededor de las 20. "Por suerte, le pegó un chico y me soltó, porque me tenía agarrada de los pelos y me quería ahorcar", indicó.
De igual modo, no fue el único ataque y en una oportunidad anterior, su hermano fue víctima de una golpiza.
Para la joven, el hombre, chofer de una empresa de transporte, está enfermo y posiblemente sufra algún tipo de psicopatía. Sobre una de las agresiones, Dana comentó: "Era una saña de matarme".
En relación con el incidente de principios de la semana, la víctima decidió hacer una denuncia en la Comisaría 24, aunque descree de su efectividad. También muestra su pesimismo sobre la actuación de fiscales y jueces y drástica, enfatizó: "¿La Justicia? Bien, gracias". Y recordó cómo se burló el golpeador que, más allá de las restricciones, decidió alquilar un departamento a no más de 25 metros de su casa.
Como puede, Dana lleva adelante su embarazo y cuida de dos pequeñas hijas de 3 y 6 años. Ellas, en su ingenuidad, sostienen a su mamá y la más grande, atenta a lo que responde, también se refirió a la violencia: "Es como un pozo sin fin".