“Llegué a la cancha cuando faltaban unos 20 minutos para el partido, mis compañeros ya estaban entrando en calor y yo llegué a elongar porque yo ya estaba listo (bromeó). Terminé muy cansado ese día, pero tuve la suerte de hacer un gol”, contó el joven.
Lo primero que hizo ese viernes por la noche cuando salió al campo de juego, que coincidió con la primera noche de la Fiesta Nacional de la Actividad Física, fue mirar hacia las plateas de La Visera: “Siempre miro a la tribuna para ver si esta mi papá y vi que él estaba ahí, había alcanzado a llegar”.
El delantero comenzó a jugar al fútbol en la escuelita barrial de San Lorenzo. Vistió por unos años la camiseta de Maronese y tuvo un breve paso por la CAI de Comodoro Rivadavia, pero se volvió. En su retorno se sumó a Atlético Neuquén. La falta de contención que viven muchos futbolistas en la región lo llevaron a dejar de jugar a nivel federativo y se fue al torneo comercial 300 For Ever. Allí lo vieron unos dirigentes del club albinegro y lo invitaron a que realice una prueba en la institución. “Tuve la suerte de quedar. La verdad que en Cipo conocí gente nueva, cosas que yo nunca había podido vivir, fue muy lindo, es un gran club, estoy muy bien ahí”, reconoció.
En la semana, Opazo se tiene que tomar dos colectivos para llegar a los entrenamientos, pero en los últimos meses, tuvo la fortuna de que uno de los profesores del club trabaja cerca y se viene con él hasta la ciudad. A los partidos lo lleva su padre, un compañero incondicional. “Es un largo trayecto, pero es lo que me gusta y hay que bancarlo”, aseguró.
En el último encuentro, contra Unión de Allen, Opazo volvió a convertir, en el cotejo por la 3ª fecha, que terminó 2 a 2. Un resultado con sabor a poco, según Opazo. “Hemos tenido dos empates que nos ha dado mucha bronca, porque fueron por errores nuestros, teníamos los partidos controlados. Pero la verdad somos un equipo en formación somos todos chicos, hay que seguir laburando y las cosas se van a dar”, expresó.
Como todos los jugadores de las formativas, el Monito, como le dicen sus allegados, observa al plantel profesional del club que se prepara para jugar el torneo Federal A. “Me gusta ver a Matías Zbrun, el hombre que juega en mi posición, veo sus movimientos y trato de copiarlos”, contó el neuquino, que tiene muchos referentes a nivel internacional. “Miró mucho fútbol, uno aprende y así pruebo con llevarlo a la cancha”, explicó Opazo, uno de los tantos jóvenes de las formativas del club, que sueñan con dar el salto de calidad en Cipo.