Allí comenzaron a llegar contingentes de familias desde la mañana. Mientras los más chicos se divertían andando en bicicleta o jugando a la pelota, otros hacían sonar su guitarra e invitaban a propios y extraños a entonar "una que sepamos todos".
A medida que se acercaba el mediodía, comenzó a sentirse el olor a asado proveniente de las parrillas instaladas en el predio o algunas improvisadas por los visitantes.
Muchos se apostaron en los espacios libres, mientras que otros optaron por los predios de los clubes, que cuentan con algo más de reparo y también mejores instalaciones.
Como correspondía en su día, las madres fueron las más agasajadas de la jornada, muchas de las cuales mostraban orgullosas sus flamantes regalos.
"La tarjeta de crédito sufrió un poquito este mes, porque tuve que hacer regalo para las tres madres de la familia. Pero lo tienen más que merecido", comentó Eduardo mientras intentaba que no se le apagara el fuego abanicando las llamas con un diario viejo.
Si bien se trata del espacio verde más grande de la ciudad y también del más popular, la Isla Jordán ayer lució como hace mucho no se la veía. Repleta de vecinos provenientes de diferentes barrios e incluso de localidades vecinas.
Esto fue aprovechado también por varios vendedores ambulantes de pochoclos, panchos, juguetes y golosinas, entre otras casas. Algunos llegaron también de otras ciudades.
¿Y los controles?
Llamó poderosamente la atención ayer la ausencia de controles por parte del Municipio en cuanto al ingreso de personas y sustancias al predio de la Isla Jordán, más teniendo en cuenta que fue el día con mayor cantidad de visitantes en lo que va de la temporada.
Esto generó malestar, entre otros, en algunos comerciantes callejeros de la ciudad que pedían controles a sus competidores llegados de Neuquén y otras localidades aledañas.
También pudieron verse numerosas botellas alcohólicas, primero siendo empinadas con vehemencia y luego descartadas en los tachos de basura un en el mismo pasto.