Generando Futuro funciona, desde sus inicios, en la casa de Irene, ubicada en la esquina de Turrín y Celedonio Flores, en pleno barrio de Las 1.200.
La mujer tiene 59 años y lleva 35 en esta ciudad, en donde se siente una vecina más. La ayuda, el cariño y la buena acogida recibida a su llegada, hoy trata de recompensarla todos los días con su trabajo.
Actualmente la ONG funciona, principalmente, como comedor, dando contención a 58 chicos. “El trabajo que hacemos es muy importante, porque la necesidad es muy grande, principalmente en los asentamientos y villas de emergencia de la ciudad”, remarcó la vecina devenida en dirigente social gracias a su tarea solidaria. “La mayoría de las que vienen acá son madres jóvenes y solteras que su único ingreso es la asignación universal por hijo”, agregó.
A pesar de que muchas veces el camino se vuelve empinado y se ve obligada a nadar contra la corriente, Irene aseguró: “Nunca voy a tirar la toalla, hay Generando Futuro para rato, vamos por 22 años más”.
Vacaciones que duelen
Irene es una agradecida a la vida y también de los cipoleños, quienes -asegura- “son muy solidarios”. En ese sentido, destacó la cantidad de ayuda que llega periódicamente, con donaciones anónimas. Otros, en tanto, ayudan poniendo el cuerpo a las agotadoras campañas de recolección de alimentos, ropa y juguetes, que son repartidos en diferentes barrios periféricos.
Además, destacó que “hace varios años, desde el segundo gobierno de (Alberto) Weretilneck, recibimos una importante ayuda del Municipio, principalmente de la Secretaría de Acción Social”.
Sin embargo, esta colaboración logística y de personal se suspende por el receso veraniego. “Es una lástima, porque el estómago de los chicos no tiene vacaciones”, sostuvo la presidenta de la ONG.