Las primeras tierras que se compraron fueron las que pertenecían a la familia Grispino en junio de 2008. Después de intensas negociaciones por el precio final, se alcanzó un acuerdo con los antiguos propietarios. De ahí en más el proceso se aceleró hasta que en marzo último el intendente Weretilneck anunció que se había llegado a los 2.222 lotes, más otros que resultarían de las expropiaciones iniciadas en el marco de la ley sancionada para tal fin.
El próximo paso será llevar las obras de infraestructura al lugar. En este sentido, ya se realizó la mensura en las ex-tierras de Grispino y Suárez y está en pleno desarrollo la elaboración de los proyectos de electricidad, agua y gas. En el resto, se está esperando terminar de pagar las tierras para comenzar con los trabajos de mensura y amanzanamiento.
Así se va avanzando hacia la idea final sobre el Distrito Vecinal: un espacio urbano para ser vivido por unas 12.000 personas. Para ello, está proyectada la construcción de espacios verdes, reservas fiscales, servicios de salud y un centro integral educativo que contemple a todos los niveles.
Para poder acceder al DVN, el municipio alentó a los vecinos a formar cooperativas como una manera colectiva y participativa de resolver el problema de acceso a la tierra.
Esto significó para muchos “una experiencia nueva porque nunca lo habíamos hecho antes, por lo que significó mucha fuerza a pulmón”, tal como explicó Pérez. La inexperiencia significó en muchos casos un obstáculo, que fueron superando gracias al asesoramiento y muchas horas de trabajo en conjunto.