Mientras el EPRE aplicó una multa a Edersa por fallas en el servicio en 2009 y desde la empresa salieron a contestar que el ente regulador no genera las condiciones para que se puedan concretar las inversiones necesarias, hay una realidad que supera cualquier tipo de disputa: siempre los perjudicados son los usuarios.
Y esta semana no fue la excepción porque otra vez se volvieron a registrar cortes de luz en Cipolletti y las localidades vecinas de Fernández Oro y Allen. Lo alarmante es que estos problemas no son aislados y ya se transformaron en un padecimiento habitual y sistemático para los valletanos.
En forma anterior, una falla en la estación transformadora de Transcomahue había dejado sin energía eléctrica por varias horas a la mitad de esta ciudad. En Oro, el corte del suministro fue mucho mayor, incluso hubo decenas de comerciantes que perdieron sus productos porque no pudieron respetar la cadena de frío.
En este contexto, no hay que olvidarse que cada vez que llueve en Cipolletti varios barrios sufren la falta de servicio. Y no es a veces, es siempre.
También cuando las ráfagas del viento son intensas, con frecuencia hay sectores se quedan sin luz. ¿Quién se responsabiliza? ¿Quién da la cara? Nadie. Para sumar al malestar de los consumidores, tampoco se brindan las respuestas adecuadas sobre las fallas cuando se está a la espera de que alguien brinde la tranquilidad sobre el reestablecimiento de la energía.
Ahora, que el EPRE diga que sancionará los incumplimientos de la prestadora es una decisión saludable, pero la realidad es que al vecino común poco le interesa, porque lo único que quiere es no sufrir más inconvenientes.
Está claro que la postura del ente regulador es una buena señal ya que es palpable que la empresa concesionaria no realiza ni por asomo las inversiones que debe llevar a cabo no sólo en obras sino también en mantenimiento, a punto tal que varios cronistas de este diario han observado en reiteradas oportunidades que los operarios trabajan sin elementos de seguridad o han retrasado sus labores hasta que les trajeron desde otros sectores de la compañía, por ejemplo, los cascos.
Si se tiene que dar una discusión de la tarifa, que se dé, pero es prioritario que se apueste urgente a mejorar el servicio.
Con el agua, casi lo mismo
En Cipolletti, a la falta de luz habitual también se le suma la escasez de agua y los reiterados cortes y baja de presión del servicio. Hay barrios en los que los vecinos ya se acostumbraron a padecer las fallas de la prestación. La planta potabilizadora local está al límite de su funcionamiento y los caños que transportan el recurso datan de hasta cinco décadas. En este aspecto, el gobierno provincial tendrá que aceitar los mecanismos para dar respuestas con la mayor celeridad posible.
De hecho, el gobernador Alberto Weretilneck adelantó que Aguas Rionegrinas es la empresa estatal donde más foco se tendrá que hacer porque en los últimos años su funcionamiento no sólo fue deficitario sino que también la prestación fue muy mala. Será el momento para dejar atrás la desidia y la corrupción y comenzar a trabajar seriamente porque también en este tema el afectado es el usuario.