La realidad puede ser a veces oscura y transcurre a la par de noticias negativas, provocando que la gente espere siempre lo peor. Sin embargo, todavía existen las que llenan el corazón de esperanza, como la historia de un grupo de docentes y alumnos de la Universidad Nacional de Río Negro de la carrera de Odontología que viaja todos los años a la Línea Sur para brindar atención gratuita.
Pedro Muzevic es odontólogo, especialista en ortodoncia y docente de la Universidad, en Allen, y participa del proyecto de extensión voluntario que les permite viajar a parajes para ayudar a solucionar problemas bucales y enseñar sobre la importancia de la salud.
Cuando comenzaron sólo contaban con las herramientas básicas, pero en octubre de 2015 Nación les adjudicó presupuesto para adquirir una combi 0 km y dos tráileres que funcionan como consultorios.
Los destinos se eligen por la necesidad de cada lugar. El último viaje fue a Aguada Guzmán. Allí participaron seis docentes y al menos 16 estudiantes de tercero, cuarto y quinto año. Y ya están pensando en el próximo destino.
Aunque visitan cada pueblo al menos cinco veces, llevan a cabo un seguimiento constante de sus pacientes para que no pierdan la constancia en el tratamiento.
Una vez que llegan, trabajan hasta tarde para poder atender a todos, niños y adultos, y cuando la jornada termina son hospedados por la escuela de cada localidad. “Las porteras son amorosas y cocinan de todo”, comentó Pedro.
Los casos más simples, que sólo requieren un chequeo básico, son atendidos en el SUM de los colegios, pero los más complejos deben ser trasladados a los tráileres para ofrecer un diagnóstico preciso. Allí se realizan implantes, cirugías, radiografías y limpiezas.
Los principales problemas que encuentran son la excesiva presencia de caries y el faltante de piezas dentales. “Muchas de estas cosas tienen que ver con las condiciones en las que viven y la alimentación que llevan. Nosotros hacemos todo lo posible para hacerles reducir las cantidades de azúcar que ingieren a diario”, explicó el odontólogo.
No obstante, y más allá del trabajo realizado, la alegría de la gente es lo más satisfactorio para los voluntarios. “Queremos que la gente sepa hasta dónde puede llegar una universidad, que no sólo sirve para aprender, que es fantástico, sino que también puede hacer la diferencia. En estos viajes los alumnos no van a aprender, eso lo hacen en el establecimiento, allá aprenden a ser seres humanos y a ver al paciente no sólo como tal, sino como un par con historias, emociones y opiniones”, concluyó.
“Siempre están súper agradecidos. Se crea un vínculo tan fuerte y especial que no sólo llega al corazón de nosotros, los docentes, sino también al de los alumnos”.Pedro Muzevic. Docente de la UNRN