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Los artesanos de Las Grutas, tan tradicionales como la marea

Es poco probable que un turista llegue a Las Grutas y no visite los puestos de la feria de artesanos ubicada en torno a la placita que está en la Primera Bajada.
Es un recorrido tradicional que ofrece la villa balnearia, y que noche a noche, cuando alcanza su momento de esplendor, se pueden observar y adquirir objetos ideales para llevar de recuerdo.
Hace unos pocos años se lo bautizó Paseo de los Artesanos "Víctor Menjoulou", en homenaje a quien fuera uno de sus impulsores, hace casi 40 años. Hay una placa en su acceso principal que así lo destaca.
Cada artista acondiciona su rincón de acuerdo a su poder creativo o la inspiración del momento, y ese es otro atractivo para la vista.
Alhajas, piezas de cuero, madera y metal, tejidos, cerámicas, cuchillos y otros ornamentos se muestran en los escaparates acomodados prolijamente o con un orden extraño para captar la atención del espectador.
Hay productos que se destacan -en la mayoría de los casos- por su delicada elaboración, los materiales finos que fueron empleados y la originalidad del autor.
Son los que tienen un mayor costo. Por ejemplo un morral de cuero -que en unos pocos minutos fue el motivo de consulta de varias mujeres, según se pudo advertir- cuesta 300 pesos. Claro que también hay otras cosas a menor precio, como varillas para sujetarse el cabello a $15 o pulseras de cuero a $30.
De todos modos, lo mejor es dedicarle un par de horas y caminar los cerca de 120 metros en forma de “T” que adoptó en la actualidad el campo ferial. Más de una sorpresa se puede hallar y el ambiente de la adquisición lo hará inolvidable.
Podrían ser muchos más los vendedores si la comuna no regulara la actividad. Genera mucho interés lograr un lugar, pues es redituable.
Hay artesanos que viven de manera permanente en la villa turística, dedicándose a otros quehaceres en temporada baja o trasladándose a otros centros turísticos invernales.
En verano suelen llegar desde otros puntos del país, lo que permite que la feria se nutra de novedades y otros estilos de trabajo.
El funcionamiento y manejo del Paseo generó ásperas polémicas, sobre todo porque llegaban algunos puesteros que se negaban a abonar la tasa y no respetaban los puntos de ocupación. Por ese motivo hace unos años se resolvió crear por ordenanza una Comisión Fiscalizadora que controla la actividad.