De movida los All Blacks presentaron sus credenciales metiendo una sofocante presión sobre su rival, al que le costaba romper la línea debido a la muy buena defensa kiwi, que en diez minutos recuperó tres pelotas.
El cero lo rompió el eterno Dan Carter con un penal e inmediatamente Austriala ajustó sus clavijas y llegó a la paridad en el tablero terminó decantando gracias a un penal de Bernard Foley.
Los neocelandeses, siempre con la iniciativa, el dominio territorial y la posesión de pelota como aliados, se cansaron de chocar contra el arsenal de tackles amarillos. Pero no pudieron quebrarlos y optaron por ponerle fichas a la puntería de Carter, quien convirtió dos penales más, y para el final del primer tiempo, Nueva Zelanda finalmente llegó al try. El 10 de los de Negro, uno de los mejores aperturas del mundo, finalmente se sacó la espina del Mundial: pudo jugar la final que se le escapó por lesión en 2011 y fue una de las figuras de la cancha.
Australia no se quedó atrás y convirtió su único try a mitad del segundo tiempo, poniéndose 27 a 17 abajo. Sin embargo, en el momento en que más presionaban, un mal pase y una viveza de los All Blacks sellaron el partido en un nuevo try más conversión para cerrar el partido 34 a 17.
Nico Sánchez, el apertura de Los Pumas, finalmente se quedó con el Botín de Oro por ser el jugador con mayor cantidad de tantos del Mundial. El argentino anotó 97 puntos en el máximo certamen de rugby. Además, Juan Imhoff, el de la palomita histórica contra Irlanda, quedó tercero en la clasificación final de tries.