Uno de los casos más graves de trata de personas de la región del Alto Valle rionegrino terminó con la condena del principal acusado a 8 años de cárcel efectiva. El hombre, identificado como Ramón Batalla, sometió durante más de 6 años a dos mujeres, a quien obligaba a prostituirse y, ante su negativa, las golpeaba en forma salvaje. Tras una investigación encabezada por la fiscalía federal de General Roca, el delincuente fue atrapado y juzgado.
En la semana que pasó, los integrantes del Tribunal Oral Federal roquense (TOF) comunicaron la sentencia y ordenaron el decomiso de una propiedad del condenado debido a que era el lugar donde las víctimas recibían a sus ocasionales clientes.
Según fuentes judiciales, Batalla se aprovechó de la vulnerabilidad de dos mujeres para desarrollar un lucrativo negocio de explotación sexual. Los hechos ocurrieron en Roca y la primera víctima fue captada por el acusado en 2013. Luego, en 2018, sumó otra víctima. El modus operandi utilizado por el hombre de 60 años, en ambos casos, fue iniciar una relación sentimental con las mujeres y, después, obligarlas a prostituirse en un domicilio que compartían sobre calle Cerro Uritorco al 5100 o, en las calles Neuquén y 25 de Mayo. De forma impune, Batalla las vigilaba en los lugares donde permanecían y apenas se retiraban los clientes, les exigía la entrega del dinero.
Asimismo, las víctimas revelaron que eran amenazadas con armas de fuego y que las golpeaba ante cualquier reclamo.
A pesar del enorme temor, en 2019 las víctimas decidieron recurrir a la Policía y denunciar lo que estaban viviendo. Sin demorarse, tomó intervención la justicia federal y Batalla fue procesado por “trata de personas con fines de explotación sexual agravado por haberse cometido mediante engaño, violencia, amenaza y abusando de la situación de vulnerabilidad de las víctimas, por ser una de ellas discapacitada, por tratarse de una persona conviviente y por haber logrado consumar la explotación de las víctimas”.
Entre los principales testigos del juicio fueron convocadas varias personas que se desempeñan en organismos oficiales de contención de víctimas de hechos de violencia de género. Los primeros en intervenir ante la denuncia de las mujeres fueron los integrantes de la Comisaría de la Familia.
Los testigos reconocieron que una de las víctimas se encontraba muy atemorizada y que quiso retirar la denuncia en un primer momento. Entre las lesiones que se lograron comprobar a simple vista, una de las mujeres había sido quemada en un brazo por Batalla.
El hombre con domicilio en el barrio Mosconi de Roca se abstuvo de declarar ante la denuncia de las víctimas. De igual modo, se pudo establecer que Batalla había logrado someter a las mujeres no solo con amenazas permanentes sino aislándolas de familiares y amigos.
“Manteníamos contacto por teléfono, lo hice porque lo amaba y aparte porque me sentía obligada, después de eso empezó a llevarme todos los días”, confesó una de las víctimas en su declaración ante la justicia federal, recordando sus primeras salidas a la calle bajo la obligación de prostituirse.