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Le tatuó su nombre en la cola: ella lo perdonó pero la Justicia no

Aníbal deberá pasar un año y medio preso.

Aunque su pareja lo perdonó durante la investigación de un brutal ataque, el cipoleño Aníbal Figueroa deberá pasar tras las rejas casi un año y medio por decisión del Superior Tribunal de Justicia de Río Negro. El hombre le había tatuado su nombre con un cuchillo a su concubina en la cola y la golpeó en distintas partes del cuerpo. El incidente, ocurrido el 16 de diciembre de 2014, causó una gran conmoción en la ciudad y la Policía detuvo a Figueroa y su padre.

Sorprendió, en plena investigación, el envío de una carta por parte de la víctima, desincriminando a su pareja. “Yo hice la denuncia porque estaba con bronca, pero no quería que quedara detenido. Lo único que quiero es que comience un tratamiento de rehabilitación por su adicción al alcohol y a las drogas”, indicó la denunciante en una carta que se hizo pública.

Más allá de los dichos de la mujer, Figueroa fue procesado y durante el juicio oral en la Cámara en lo Criminal Segunda fue encontrado culpable de los cargos en su contra. Ante el fallo condenatorio, la defensa interpuso un recurso de casación ante el STJ, que días atrás confirmó la sentencia.

Los jueces del máximo tribunal rionegrino destacaron lo resuelto por la Cámara Segunda y puntualizaron que “la realidad es muy diferente a la apuntada por G. durante el debate, ningún juego erótico hubo entre ellos dos esa noche. Hubo una clara pelea entre ambos donde A. volcó una agresividad inusitada hacia G., le pegó con sus manos”.

En concreto, el tribunal negó “la existencia de un consentimiento en la víctima para que se le provocaran los daños en el cuerpo y la salud reprochados”.

El STJ concluyó que “aplicadas las conceptualizaciones jurídicas de las que dan cuenta las primeras manifestaciones de la víctima en el proceso, aunadas al testimonio de una testigo, es indudable que no hubo consentimiento libre y voluntario de parte de aquella para que el condenado produjera en ella las lesiones. Asimismo, la violencia y el amedrentamiento que rodearon al acto debilitan incluso la posibilidad de un eventual consentimiento tácito”.

Pleno centro

Vivían al lado de la Escuela 53

Aníbal Figueroa y su pareja convivían en una casa pegada a la Escuela 53. El inmueble pertenece a Educación y se lo habían otorgado en comodato al padre de él, que era el portero del colegio. Ese hombre también vivía allí con su pareja y luego de la primera denuncia de la chica, su mujer hizo lo mismo y lo acusó por violento. Entonces fue detenido, al igual que su hijo. Tras recuperar la libertad, lo desalojaron del predio del establecimiento educativo.