Este año el grueso de las ventas se repartió bastante parejo entre viernes y sábado. Es que el viernes fue feriado y la mayoría de los comercios del país abrieron sus puertas para no perder ventas en manos de los shoppings y las grandes cadenas de supermercados que sí abrían ese día. Y la estrategia funcionó, porque efectivamente muchas familias salieron de compras el viernes, aprovechando el descanso y el día.
La gente buscó precios, eligió los productos y comercios con ofertas. A diferencia del año pasado donde de rebote el público adquiere otras cosas, especialmente indumentaria femenina y de chicos, hubo menos compras adicionales más allá del regalo del padre que otros años. El público fue a comprar su obsequio y trató de no mirar mucho más. Por eso el viernes 17, muchos negocios que venden artículos que no son de la fecha o no eran indumentaria, en general abrieron medio día.
El ticket promedio este año se ubicó en $480, un 23% por encima del año pasado, cuando la inflación anual supera al 40%. Esto marca la fuerte caída en las ventas, ya que el consumidor no solo compró menos unidades de productos, sino también más económicos.
Las preferencias de este año se volcaron hacia productos de menor valor, como vino y licores, o regalerías. Aunque continuaron predominando en las elecciones los artículos de indumentaria y electrónicos, que también tuvieron bajas menores al promedio.