En Las Perlas, el problema del agua potable es un asunto de nunca acabar. Pese a la puesta en marcha de una bomba para la que se activó una nueva red eléctrica, el líquido sigue faltando en el barrio Costa Esperanza, en el que está afincada más de un tercio de la población total del paraje.
Pero ahora también cunde la inquietud por el bajo grado de potabilización que, además, tendría el servicio domiciliario, donde los habitantes se conmueven por la turbidez de lo que deben beber y utilizar para sus quehaceres domésticos.
Ayer, el vecino Jaime Flores manifestó que el último análisis sobre la calidad del agua de la red se habría concretado hace 3 o 4 años atrás y ya en esa ocasión los estudios arrojaron algunos inconvenientes en la composición.
En sus palabras, el líquido se puede tomar, pero no sería totalmente potable. Recordó, al efecto, que la captación para el barrio se hace de un pozo ubicado cerca del río Limay y luego se la somete a un tratamiento con cloro. No obstante, el proceso dista del que garantizan la planta potabilizadora de Cipolletti y también las dos filtradoras (la de El 30 y la de Fernández Oro) que abastecen la ciudad.
Por tal motivo, consideró que el Estado provincial debería arbitrar los medios para, al menos, contar con una estación de filtrado.
En cuanto la escasez del servicio, indicó que ayer en muchos hogares del barrio se sufría por la falta de suministro. Con los calores, la situación se vuelve muy injusta e insoportable.