Además del olor nauseabundo que se percibe a gran distancia, también comenzaron a proliferar moscas y mosquitos.
La presencia de ese colchón de plantas marinas y sus consecuencias en el ambiente ha impedido que los veraneantes se instalen en el lugar, elegido por muchos por estar alejado de los sectores más concurridos y bulliciosos.
Los que sufren también la invasión acuática son los responsables de los comercios que funcionan en la zona, como los paradores y juegos playeros, pues la gente ni se aproxima con solo percibir el fuerte hedor.
Una de las que se siente más afectadas es Eloísa "Chichita" Salas, propietaria del parador de la Séptima Bajada.
"Encima que la temporada es mala nos pasa esto", rezongó ayer mientras miraba con decepción el paisaje desolado que perdura frente a su local, donde solo había tres mesas ocupadas por comensales.
La comerciante, que cumplió diecinueve veranos atendiendo turistas, sostuvo que siempre para esta época se produce la aparición de algas en la costa luego de sudestadas fuertes, como ocurrió en las últimas semanas.
Recordó que en otros años ella misma contrató una máquina vial para que las recogiera, y que incluso en otras oportunidades la tarea la cumplió el municipio de San Antonio.
Salas aseveró que a pesar de que las autoridades están al tanto del estado actual de esta parte de la playa, ninguna solución se intentó hasta el momento. Por eso ayer presentó el reclamo a la delegación comunal y espera una pronta respuesta antes de que termine la temporada.
Lamentó la falta de respuesta y dijo que la situación llama la atención: "Porque decimos que la playa de Las Grutas ha quedado reducida por la gran cantidad de visitantes que llegan. Tener todo este tramo sin poder utilizarlo es difícil de entender". Nada hace suponer que sin la intervención humana se retiren las algas. Aún permanece flotando entre el oleaje una gran cantidad, que es trasladado en pleamar hasta la costa, modificando severamente el paisaje del balneario rionegrino.
En los otros sectores de la playa es menos notoria la presencia de los vegetales marinos. Supuestamente una corriente los arrastra hasta la Séptima Bajada. Y se hacen ver y sentir.