El Estudio Shahrazad, que se especializa en la enseñanza de las danzas folclóricas de la cuenca del Mediterráneo, propone una alternativa en la formación de las bailarinas que concurren a los cursos.
Nieves De Cesco, quien está a cargo de la academia, aseguró que “las mujeres se llevan un montón de cosas de las clases, porque no sólo se trata de bailar, sino de poder reconectarse con lo femenino, valorar la estructura corporal que tienen, lo que se les dio por genética y herencia familiar y darse cuenta de que todo cuerpo es un elemento expresivo y que no se tiene que seguir un esteriotipo”.
Las clases comenzaron el lunes pasado y todavía se mantienen abiertas las inscripciones. El estudio se encuentra en la calle Perito Moreno al 357. Reciben alumnas desde los 3 años. Hay conformados once cursos y este año implementaron un taller para adultas mayores. También existe una sucursal en Cinco Saltos que está ubicada en avenida Cipolletti 275.
“Si la danza se enseña desde la base cualquiera la puede aprender; no hace falta entrenar la musculatura; el baile sale del mismo cuerpo de la mujer. El movimiento está ahí, lo que hay que hacer es encontrarlo”, explicó De Cesco.
La profesora fundó la academia en el 2007, pero comenzó dando clases cinco años antes en Neuquén, trabajo para el que se capacitó tanto en Argentina como en el exterior.
“En Oriente la gente baila por motivos muy distintos a los de acá. Esos folclores hablan del vínculo entre las mujeres, de su rol en lugares que están muy distantes del nuestro y que por ahí sin conocer se juzgan”, manifestó la profesional y destacó: “Hay un dato muy interesante, que es el trato entre las damas, cómo se transmiten esa cultura, la interacción y solidaridad que se expresan a través del aprendizaje de las danzas, porque se trata de prácticas que están apoyadas en un grupo de contención”.
En el estudio, la formación técnica de las bailarinas está acompañada de sus procesos personales. Es por eso que la práctica también es terapéutica. Para De Cesco, “es difícil encontrar esa valoración en otros lugares, porque generalmente se apunta a la competencia y nosotros acá el énfasis lo ponemos en el trabajo en conjunto y en la solidaridad, en el desarrollo de mi propio arte, apoyándome en mis compañeras”.
Los cursos incluyen contenido teórico académico sobre la historia y geografía de medio oriente y además una transmisión que realiza la profesora a partir de su propia experiencia en la cultura mediterránea. “Son como dos vías de trabajo que apuntan a que la alumna no sólo tenga la técnica sino que aprenda todo el contexto histórico social de la danza del vientre, cosas que en occidente no las mamamos de chicas y necesitamos internalizarlas”, indicó.
Bordan sus trajes
Las bailarinas y las madres de las más jóvenes bordan sus propios trajes, para abaratar los costos de las distintas vestimentas y también con el motivo de crear espacios de comunicación y contención entre ellas.
“Las chicas confeccionan sus trajes, realzan lo que ellas quieren y así se sienten más cómodas, y además pueden crecer en esa aceptación de su propio cuerpo”, expresó la profesora.
En el estudio también trabajan lo que De Cesco definió como el tiempo de la tribu: “Las alumnas tienen que entender que necesitan darse un tiempo para los procesos: si quieren todo ya, no lo van a lograr. La danza entrena a la gente en esa paciencia”.