Su calma contrasta con la bulla de los altoparlantes y el griterío de los vendedores que se escuchan en las playas más concurridas.
Al contrario, en la Mar Grande, uno de los balnearios de San Antonio Oeste, todo es apacible, con un silencio que sólo pueden interrumpir las gaviotas y de una extensión tan amplia que es ideal para los que buscan algo de intimidad o para tomar sol en aquellas partes del cuerpo menos expuestas.
Muchos lugareños eligen este lugar para descansar o pescar, y poco a poco comienza a ser conocido por los turistas.
La serenidad que se encuentra en este punto de la costa rionegrina es inigualable, y también lo es la seguridad, sobre todo para los niños, pues es posible caminar decenas de metros aguas adentro, que apenas les llegarán a la altura de la rodilla. También es el paraíso para los aficionados al kitesurf, la disciplina deportiva que se practica con una cometa y una tabla para deslizarse sobre las olas.
Claro que esto ocurre cuando la marea está alta, porque, cuando baja, el mar efectúa un retroceso que lo lleva a perderse en el horizonte, y hay que hacer un esfuerzo notable con la vista para notar a lo lejos una línea azul que suele confundirse con el cielo.
Es entonces cuando queda una playa inmensa, más parecida a un desierto de arenas húmedas, que se transforma en el mejor escenario para los amantes del fútbol, la paleta u otros juegos.
Un tanto incómodo les resultará a aquellos que anhelan el contacto con el agua, ya que deberán trasladarse un buen trecho con reposeras, sombrillas y demás enseres necesarios para transcurrir la jornada veraniega.
Luego, cuando empiece a subir la marea, estarán obligados a transportar el equipamiento nuevamente hacia la costa.
Es tan virgen La Mar Grande que no tiene servicios, como guardavidas o sanitarios. Sólo un carrito con bebidas y algunos comestibles se instala para la temporada, ya que el proyecto para construir un parador se frustró hace algunos años y hoy sólo quedan los cimientos.
Para llegar se debe tomar el camino que conduce a la planta de ALPAT -Alcalis de la Patagonia-, que nace en el cruce de rutas donde se encuentra la vieja Estanciera. Poco antes de llegar a la fábrica de carbonato de sodio, parte un camino de arena hacia la derecha que desemboca en el tranquilo balneario.