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La lección de tránsito y respeto de los más chicos

El caso de una alumna con discapacidad movilizó a todo el Jardín 1.

Por Guadalupe Maqueda - maquedag@lmneuquen.com.ar

La historia de Carmela, una nena que en silla de ruedas tenía enormes dificultades para llegar a la escuela, fue la motivación que encontró en sus orígenes un proyecto pedagógico que enseña a los peques, pero tiene el efecto multiplicador de educar a los adultos. Se gestó hace un par de años en el Jardín 1, cuando esta niña, que entonces tenía 3 años, se integró a la institución y transitó allí su primera infancia, hasta cumplir los 5.

Carmela y su mamá, Suyai Leiva, tenían que lidiar a diario con los automovilistas que bloqueaban la rampa de acceso u ocupaban el estacionamiento reservado para personas con movilidad reducida. Algo que les sigue ocurriendo.

Ayer, Carmela, quien ya es parte de otro establecimiento educativo porque tiene 7 años, volvió al jardincito -con su mamá y su hermana- y vivió con las salitas de 3, 4 y 5 una experiencia lúdica que busca generar conciencia y respeto por las normas de tránsito.

Las profes de Educación Física previamente habían construido con sus alumnos autitos de cartón a su medida, hicieron algunas señales de tránsito y armaron un escenario lúdico, en el que también trazaron algunas cuadras, pusieron semáforos y marcaron sendas peatonales. Los chicos más grandes se sumaron al circuito con bicis y monopatines que trajeron de sus casas, y el Municipio participó también de la actividad, con inspectoras de tránsito que dieron una clase lúdica a los chicos. Todo esto en compañía de las seños que prepararon la actividad.

“Los chicos son muy observadores y críticos de todo lo que hacen los adultos. Y para ellos fue muy significativo ver y escuchar a las inspectoras que transitan a diario por las calles y nos cuidan”, comentó la profe María Cecilia Ramos, involucrada con la iniciativa.

Los chicos reconocían cuando no tenían que bloquear un acceso, las señales de reserva para personas con movilidad reducida, de prohibido usar el celular y la señal de cuidado con los chicos que hay una escuela.

“Algunos eran conductores, otros llevaban silbatos y chalecos y hacían de inspectores. Y fue muy emocionante ver a Carmela y escucharla contar lo que ella padece a diario con los automovilistas que no respetan”, agregó la docente.

Todas las salitas de la institución participaron, de 3 a 5 años. De 9 a 11:30 fueron rotando y por la tarde volvía a repetirse la actividad.

“Los niños pueden ser multiplicadores en sus hogares y familias, por lo que el mensaje siempre llega. A esta sociedad la cambiamos entre todos, con pequeñas acciones cotidianas”, concluyó Ramos.

Llegar a destino es un desafío

Problema en toda la ciudad

Carmela va a la Escuela 33 y aún sufre por padres que bloquean rampas y ocupan espacios reservados a personas con discapacidad. “Se trata de tener un poco de empatía con el otro”, dijo su mamá, Suyai.

Falta de rampas

La mujer dijo que en el centro son pocas las esquinas con rampas cuando todas deberían tenerlas, y en buenas condiciones.

Adultos que ponen trabas

Suyai, la mamá de Carmela, alguna vez se encontró con un cartel que decía “ponete en mi lugar, no en mi sitio”, y le pareció maravilloso. Porque de eso se trata cada vez que lleva a su hija a la escuela o transita por esta ciudad y se encuentra con todo tipo de obstáculos. “Hasta que uno no lo vive, no es consciente de cuánto se necesita una rampa. Y el problema no son los chicos, ellos lo ven, son los adultos”, comentó. Ellas lo descubrieron cuando iban al Jardín 1 y otros padres les tapaban la rampa de acceso con su auto, ocupaba su lugar para estacionar o estacionaba en doble fila.

Ahora tiene clases en la Escuela 33 y se encuentra con la misma situación. Por eso, su mamá hizo un llamado de atención que vale la pena compartir: “No se trata solo de Carmela. Hay otras personas con movilidad reducida, muchas mamas con carritos, abuelos, y necesitan de una rampa para transitar. Se trata de respetar y tener un poco de empatía con el otro”.

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