Aníbal Tortoriello pasó de ser un empresario y benefactor casi anónimo a intendente en poco más de medio año. Un cachetazo difícil de digerir para militantes de larga trayectoria o de las fuerzas políticas acostumbradas a gobernar la ciudad, que en las últimas semanas pasaron de ningunearlo a cuestionarlo abiertamente cada vez que veían un micrófono. La victoria del candidato del ARI es el primer paso de la renovación política de la ciudad, y no necesariamente por Tortoriello. Las estructuras partidarias tradicionales llegaron al cuarto oscuro en crisis y los cipoleños les dieron la espalda. El FG lideró la ciudad por casi 20 años y ahora está prácticamente desintegrado tras la intervención fogoneada por el ex ministro de Educación Marcelo Mango, que casi deja al oficialismo afuera de los comicios. Sus dirigentes de peso están en la Provincia y en la próxima gestión local casi no tendrá peso. En el PJ hubo fuego cruzado antes de cerrar listas, pero luego se volvieron a conformar con empujar desde atrás al FG y sintieron como un gran triunfo el segundo y el quinto lugar de la lista de concejales. Mientras, la UCR aún paga el precio de la corrupción en la gestión de Miguel Saiz y el Socialismo encabezó a la izquierda, con el mismo candidato que había del 2011. Aunque no lo quieran, todos deberán buscar nuevas estrategias y líderes.