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La coherencia, virtud que se reclama

El apoyo del legislador Fabián Gatti al peronismo, luego de estar cerca del radicalismo, plantea el problema de la fidelidad política. Sobre todo, en Cipolletti.
La reciente decisión de Fabián Gatti de bajarse de su candidatura a intendente y apoyar al Frente para la Victoria, dejó en amplios sectores una sensación de extrema sorpresa e incredulidad. El titular del partido Redes venía mostrándose desde hace tiempo cerca del radicalismo y hasta había conversado, a principios de mayo, con el gobernador Miguel Saiz para un respaldo a la fórmula del oficialismo provincial.
La definición del legislador lo ha dejado mal parado ante la sociedad, y hasta el propio Frente para la Victoria, en la figura de su postulante a vicegobernador, Alberto Weretilneck, analiza si es conveniente, o no, su encolumnamiento vía una colectora.
Los cambios abruptos de tendencias políticas han sido una característica distintiva de la política cipoleña en los últimos 20 años. Se puede decir que los inauguró el ex intendente Julio Arriaga, pero los han protagonizado también figuras como el propio jefe comunal actual, Alberto Weretilneck, y también el fallecido ex intendente Julio Rodolfo Salto. Ahora, con menos trascendencia, por ser menos sobresaliente su presencia en la escena política, los prosigue Gatti, quien, además, había afirmado más de una vez que el 10 de diciembre, a las 5 de la tarde, entraría en la Municipalidad para asumir como intendente electo.
Las razones de esta volubilidad y volatilidad en materia política, tanto en lo relativo a alianzas como en cuanto a identidada partidaria, pueden ser objeto de sesudas investigaciones en ciencias políticas y sociológicas, pero podrían ser, igualmente, objeto de algunas especulaciones y conjeturas provisorias.
Se podría mencionar el escaso peso político que ha tenido, históricamente la ciudad, cuya dirigencia no ha podido trascender y, quizá por ello, ha caído en la ansiedad y los experimentos. Se podría referir también el personalismo y la tendencia a generar partidos de raigambre local y poca repercusión en el resto de la provincia. Se podrían destacar también las ambiciones personales por llegar alto, lógicas en la arena política, pero que pueden tener su costo si chocan con la credibilidad. Se podrían, por último, mencionar las necesidades de índole psicológica (la satisfacción del ego) y económica (muchos dependen del destino de un líder).
Lo cierto es que la historia cipoleña ofrece, en este terreno, mucho campo para la disquisición. Y un repaso de lo que se ha venido dando permite ilustrar esta realidad. Julio Arriaga: radical de origen, estuvo con el MPP y pasó luego al Frente Grande. Apoyó a Ricardo López Murphy, al kirchnerismo, viró al Peronismo Federal, y ahora ha vuelto a simpatizar con el kirchnerismo. Fue compañero de fórmula del peronista Miguel Pichetto y ahora, del radical César Barbeito. Alberto Weretilneck: militó en el partido Intransigente, luego en el MPP y ahora en el Frente Grande. En las pasadas elecciones legislativas nacionales, apoyó públicamente al radical Hugo Castañón y actualmente acompaña al candidato peronista a gobernador Carlos Soria. El finado Julio Salto fue intransigente y luego fundó el MPP. Supo respaldar al peronismo y fue funcionario provincial del radicalismo. Fabián Gatti: fue peronista, estuvo en el bloque del Frente Grande y después formó el partido Redes. Cercano al radicalismo hasta hace poco y antikirchnerista furibundo, quiere acompañar ahora al peronista Soria, ex duhaldista y ahora cristinista (como para demostrar que los virajes políticos no son exclusivos de Cipolletti).
Quizá el pragmatismo acendrado que caracterizó a la política en los años 90, asiento del neoliberalismo y destructor de identidades partidarias, tuvo eco fuerte en Cipolletti. Pero es consolador pensar que, con el tiempo, los códigos y valores de la pertenencia y la fidelidad se irán acentuando. Soria, pese a todo, se ha mantenido siempre en el peronismo. Mientras que el radicalismo, que aparece como más lineal, bulle de posturas opuestas, siendo su gran disciplinador el poder. La dirigencia cipoleña deberá, aún, mostrar sus credenciales en materia de previsibilidad.