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Fue condenada a prisión perpetua por el crimen de Eduardo Honores.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) revisará la sentencia que recibió Irene Méndez, condenada a prisión perpetua por el homicidio de Eduardo Honores.
El máximo tribunal admitió recientemente el recurso presentado por su abogado defensor Juan Pablo Piombo, por lo que se estima que en un plazo de entre dos y tres meses se podría conocer el fallo definitivo.
Méndez, de 45 años de edad, está detenida desde hace casi siete años y medio en la cárcel de mujeres de General Roca y espera con marcada ansiedad esa resolución.
“Esto me da esperanza que Dios va a hacer justicia. Necesito que me den una respuesta y que se remitan a las pruebas. Yo no maté a nadie, tengo mi conciencia tranquila. Soy inocente, ya lo dije muchas veces”, enfatizó la mujer en una charla que mantuvo desde su celda con LMCipolletti.
Aseguró que fue condenada sin pruebas firmes y que los jueces que analizaron su caso en las distintas instancias la culparon basándose en sus antecedentes, ya que admitió que estuvo presa por robos, y por su condición de mujer que se dedicaba a la prostitución.
“Nunca negué que estuve ahí, por eso encontraron mis huellas. Fui un montón de veces a su casa como dama de compañía. Pero no conocía su vida privada con la magnitud que después conocí”, admitió Méndez.
Sostuvo que la relación que la ligaba con la víctima “era más una amistad que otra cosa, pero él me ayudó económicamente”.
“Lo expliqué desde un principio, nadie va a matar a la gallina de los huevos de oro. La más perjudicada de esto fui yo”, manifestó la mujer.
También desmintió que le robó dinero y otros objetos de valor, como expresó la acusación. “Se dijo después que encontraron cajas fuertes, plata guardada en otros lugares. Eso no era de mi conocimiento. No conocía tanto de su vida”, insistió. Incluso agregó que el autor del crimen tiene que ser del entorno cercano de Honores.
Según su opinión la Justicia se apuró a cerrar el caso con ella como responsable del hecho porque “necesitaban condenar a alguien”.
“Alguien tenía que quedar preso porque había mucha plata de por medio. Era (Honores) un empresario que hacía minimo 6 millones de pesos por año, lo que le quedaba de ganancia supuestamente en blanco. Me remito a las declaraciones de la contadora de él, que le llevaba los papeles”, aclaró.
Honores murió de un disparo en el pecho con un arma calibre el 7 de mayo de 2017 en su casa ubicada en la calle Villegas al 900 de Cipolletti. La investigación determinó que el móvil fue el robo, pero en los primeros meses permaneció impune sin que aparecieran personas sospechadas.
Pero cerca un año después del hecho fue detenida Méndez. Fue a juicio y el 22 de octubre de 2019 un tribunal de Cipolletti la condenó a prisión perpetua por homicidio criminis causa (para ocultar otro delito) y alevosía.
La causa tuvo un largo derrotero, con la intervención del Tribunal de Impugnación con tres formaciones distintas y el Superior Tribunal de Justicia, hasta que le confirmaron la sanción de primera instancia.
Para Méndez el extenso trámite que le provocó una enorme incertidumbre fue “un manoseo”, por lo que confía que la CSJ lo subsane con un fallo que la deje en libertad.
“Para mi es muy difícil estar acá. Hace 8 años que estoy esperando una respuesta acerca de como seguir mi vida. En que condiciones voy a quedar, si me voy a quedar 10 años, 35, si me voy a ir", lamentó.
"La incertidumbre es lo peor. Es totalmente inhumano”, se quejó Méndez. Sostuvo que comparte el pabellón con otras nueve mujeres y que las condiciones de detención “son pésimas”. Denunció que no tiene “acceso a un pasillo ni a 20 minutos de patio”. Aseguró que “somos mujeres marginadas” y que hay “chicas que se cortan y se lastiman”.
“Me ha tocado verlo, no es bueno para la salud mental de una”, advirtió. Sus horas de ocio las invierte en estudiar. Se anotó en la carrera de Comunicación Social que dicta la Universidad Nacional del Comahue y aspira a recibirse, para ayudar a mujeres que se encuentren vulnerables frente a la Justicia.
“No quiero que lo que pasé yo no le vuelva pasar a nadie más. Voy a pelear para que no vuelve a pasar. Esto no puede quedar así”, subrayó Méndez, quien también contó que tuvo una vida marcada por carencias, apegada al mundo marginal.
Recordó que la primera vez que estuvo presa tenía 23 años y un hijo chiquito. Hoy tiene tres hijos, todos mayores de edad, y son ellos los que la mantienen con fortaleza para no rendirse.