Gobernar una ciudad no es lo mismo que comandar una empresa familiar

Por Manuel Navarro navarrom@lmneuquen.com.ar
Muchos fueron los factores que contribuyeron a la aplastante victoria de Aníbal Tortoriello en las elecciones del domingo. Su imagen naif (no confundir con ingenuidad), su discurso conciliador y su desapego por la política partidaria tradicional fueron quizás algunos de ellos.
Pero el empresario deberá tener en cuenta que una gran parte del amplio porcentaje obtenido puede no serle mecánicamente fiel. Esto, principalmente, porque lo que el cipoleño expresó en las urnas fue un voto castigo a la actual gestión.
Es por eso que desde ahora serán muchas las voluntades que Tortoriello deberá seducir para cambiar la imagen de un municipio que hoy se encuentra a la deriva. 
Conducir los destinos de una ciudad no es moco de pavo. Mucho menos en el caso de Cipolletti, que a pesar de no ser una gran urbe, cuenta con latentes conflictos sociales, alrededor del 20% de la población viviendo en tomas, servicios deficientes, recurrentes hechos de sangre y un sinfín de problemas sin resolver.
El Estado no es un negocio, por lo que un gobernante no debe perseguir el lucro como un fin redentor. Gestionar un municipio no es lo mismo que comandar una empresa y aquí aparece el verdadero desafío para Tortoriello, quien deberá ahora demostrar si está a la altura del cargo para el que fue electo.
El voto popular como te eleva también puede bajarte de un hondazo. Si no, pregunten en el cuarto piso del edificio municipal.