Los cipoleños tenían la entrada prohibida al estadio, aunque fueron varios los que ingresaron infiltrados. El clima fue raro desde el principio hasta con los periodistas acreditados y terminó en incidentes, aunque no para los hinchas sino para los jugadores. El capitán César Medina se puso al frente del plantel cuando se retiraban al vestuario y fue agredido por un par de policías.