Alberto Garballo (60) es uno de los 200 feriantes cipoleños en lucha que vive con preocupación el futuro del Paseo de Compras de la cuidad, popularmente conocido como La Saladita. La estación del invierno se le va de las manos y no puede vender la ropa que compró y mantiene en stand by en su casa. “Tenemos todo parado”, agregó Vanina Sandoval (24). La joven, también de Cipolletti, invirtió todos sus ahorros para hacerse de indumentaria deportiva y llegó a la protesta porque está cansada de esperar.
“Es capital perdido”, advirtió María Elena Cáceres (31). Ella no depende tanto de la temporada porque lo que ofrece es bijouterie. Sin embargo, ya empezó a pagar el monotributo, hace dos meses que espera abrir su stand y la necesidad que tiene de trabajo no puede dilatarse más. “Muchos dependen de este sustento”, apuntó Betiana Ruiz (28), otra feriante cipoleña. Junto a sus dos hermanos hicieron la inversión, armaron casi toda la estructura del puesto para vender juguetes y no pueden terminar. “Acá hay mucha plata parada”, expresó.
La protesta
Con fuego, frazadas y mucha paciencia, pasaron la noche del domingo apostados en las puertas del sector de Recaudación Municipal, en la esquina de Yrigoyen y Villegas. Incluso resistieron las heladas temperaturas que registraron la mañana de ayer, con la convicción de permanecer allí hasta que el Municipio les dé una respuesta.
“Llegamos a esta situación porque estamos cansados de esperar y necesitamos trabajar”, dijo Vanina. Ella y otros feriantes tuvieron la posibilidad de recuperar el dinero invertido, ya que los impulsores de la megaferia les ofrecieron esa opción; pero prefirieron salir a luchar por su trabajo. Así, resolvieron en una reunión hacerse sentir sin molestar a otros trabajadores con cortes de ruta.
“Como ellos nos niegan el ingreso de dinero, nosotros les negamos el dinero de los contribuyentes a la municipalidad”, indicó María Elena.
Orden de desalojo
Por eso se movilizaron hasta el sector de las arcas municipales, donde solo impidieron el paso de los ciudadanos. Los empleados municipales pudieron entrar al edificio por el acceso de Villegas. Pero pasado el mediodía tuvieron que dar un paso al costado porque llegó una orden judicial de desalojo. “Actúa primero de oficio una jueza y el intendente -Abel Baratti- sigue sin aparecer”, lamentó Garballo.
Liberaron el ingreso y se corrieron a la vereda, donde permanecieron hasta las 18. Hoy a las 6 retomarán la protesta en el mismo lugar. No volverán a pasar la noche allí ya que el frío de estos días es demasiado impiadoso para permanecer desguarecidos en la calle. “Queremos la habilitación provisoria, queremos trabajar”, remarcaron.