Fanatizados, desde la escuela al bar
El Mundial contagia. Estudios económicos aseguran que la productividad merma cuando juega Argentina y la teoría se replica en aulas convertidas en tribunas. Pero muchos otros agradecen la fiebre mundialista que ayer atrasó el amanecer en Cipolletti. Hasta que no terminó la goleada albiceleste ante Corea del Sur, fueron pocos los que trabajaron. Entre ellos, algunos le pusieron buena cara a la lluviosa mañana y la imposibilidad de plantarse frente a la pantalla y se vistieron de celeste y blanco. El resto, copó bares y arrasó panaderías para intercalar entre mate y mate, desde casa o el trabajo.
Después del 4-1, cerca de las 10,30, el movimiento vehicular hacia Neuquén fue tan intenso como el que habitualmente se observa de 7,30 a 8 en clara evidencia de que la jornada “empezó” después del partido. Aunque muchos otros recién comenzaron su día después del festejo. La esquina de Roca y España, como es tradición, fue punto de encuentro de los más fanáticos, a quienes el día hábil, el frío y la intermitente llovizna no les impidieron festejar. Las bocinas de los autos en caravana, algunas bombas de estruendo y las “vuvuzelas” –perdón, cornetas…- le pusieron música de celebración futbolero al color de banderas, pelucas y caras pintadas. Y el “que vamos a salir campeones, como en el ´86” fue el hit de la ilusión-alegría cipoleña.
Aún era de noche cuando los bares comenzaron a recibir hinchas vestidos con la casaca nacional sobre el traje o el uniforme de trabajo, algunas camisetas modelo Sudáfrica 2010 y muchas otras de mundiales pasados. Todos buscando buena ubicación, aunque el crecimiento del número de cañones proyectores y pantallas gigantes facilita tener buena platea… En las escuelas, el lugar de reunión fue el patio cubierto, alrededor de la tele.
Quienes sí marcaron a horario el ingreso a la oficina, lo hicieron con el paquetito de la panadería y las facturas calentitas. Los locales estaban colmados y a medida que se acercaba el horario del partido los clientes más rezagados tenían tantos nervios como el surcoreano encargado de la custodia de Lionel Messi… “Vamos que no llegamos”, reclamó (o rogó) más de uno.
La escena, seguramente, se repetirá el martes con el cierre de la primera fase (15,30, contra Grecia) quizás con nuevos condimentos. En los sectores donde el día a día se paraliza, como escuelas, habrá que agudizar el ingenio para sacar provecho del contagio y la expectativa que genera el fútbol mundialista en el mundo. Y en Cipolletti, claro, que ayer se fanatizó desde al aula hasta los bares.







