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Familia Durán, histórica y pionera arraigada en Cipolletti

 Otra historia de inmigrantes asentados en estas tierras a través de su labor como tonelero y herrero. Uno de sus hijos fue marino, testigo y rescatista de la Tragedia del Hidroavión Uruguay, la costanera de la Isla Jordán lleva su nombre.

Sin dudas, la historia de la familia Duran es otro claro ejemplo de familias asentadas en estas tierras que conformaron el conglomerado social del lugar.

Juan Manuel Durán había nacido en España en el año 1866 emigró a Buenos Aires primero y arribó a la ciudad de Cipolletti en el año 1918. Casado con Teresa Barral y de profesión tonelero compraron un lote y se radicaron en esta ciudad iniciando actividades relacionadas con la fruta.

Del matrimonio nacieron seis hijos: María Elvira Durán (casada después con López e instalada en Cuatro esquinas) dedicada a la fruticultura; María Sara (casada con Nicodemo Mazzucco) fundadora de la empresa de sepelios; Juan (casado con Angélica Moriconi) propietario de la maderera Álvarez y Durán; José Manuel, Josefa y Guillermo fallecido a muy temprana edad. Todos radicados en Cipolletti y desarrollando sus actividades en la zona.

Juan empezó con su aserradero que producía hasta 200 cajones para embalar manzanas en la década del 30. Con el auge de la fruticultura en la década del 60 se convirtió en una de las mayores madereras de la zona con explotación forestal en Moquehue. Estas empresas Colombo y Álvarez y Durán fueron pioneras en el rubro. El traslado de la madera en esa época sin rutas ni tecnología hace más meritoria la tarea.

Como personaje destacado de la familia también estuvo José Manuel o Manolo (como le decía la familia) que llegó a Cipolletti con tres años. Había nacido el 20 de enero de 1915, estudió en la escuela 33 de esta ciudad y luego hizo el servicio militar para ingresar a la prefectura Naval Argentina.

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El 29 de julio de 1948 estaba destinado en el puerto de Buenos Aires cuando se produjo la tragedia del hidroavión Uruguay que, procedente de Rosario, se precipitó en las aguas del río de la Plata a la altura del kilómetro cuatro. A cargo del patrullaje y de guardia en ese momento fueron alertados de lo que estaba sucediendo y “Manolo” no dudó en proceder al rescate de las ocho personas, sin esperar equipo de ayuda, ni midiendo la gravedad de la situación.

De esa tragedia murieron 19 personas. Uno de los rescatados, el Dr. Topolevsky, miembro reconocido del partido radical uruguayo, sacó dinero de su bolsillo y se lo ofreció a Durán, quien le respondió: “Dr. la vida no se paga!”

Contra sus deseos la trascendencia del hecho recibió mucha publicidad. A partir de la publicación de su actuación, recibió múltiples ofrendas en dinero, premios y medallas. Salvo las medallas donadas posteriormente a Prefectura, rechazó toda muestra de gratificación, explicando en una carta a su hermana: “no entiendo cómo pueden intentar pagar por algo tan simple como ayudar a alguien cuya vida está en peligro.

De profunda base católica (amigo personal del padre Brentana) y contrario a las ideas del entonces presidente Perón se negó a recibir una casa y asistir a actos sosteniendo, a pesar de las presiones, su postura.

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Con motivo de los 100 años de Cipolletti el Centro de Escritores de la ciudad rescató este acto heroico y la valentía del marinero, por lo que solicitaron que una calle o espacio público llevara su nombre. A partir del 22 de noviembre de 2003 la costanera de la isla Jordán de Cipolletti se llama marinero José Manuel Durán recordando a este niño que de la mano de su padre y su madre Teresa visitaba las orillas del río y fue forjando su vocación marinera. Fue un acto emotivo con la participación de alumnos de la escuela N° 33 a la que concurrió y una delegación de la Prefectura a la que honró siempre.

Manolo no se casó, vivió a cargo de su madre y posteriormente con Josefa, su hermana se hicieron cargo de la educación de su ahijado, en la ciudad de Buenos Aires y luego en Corrientes donde falleció en 1977. Sus restos fueron trasladados a la ciudad cipoleña junto con sus padres

¡Qué historia pionera, que fuerza y que valores morales dejaron sembrados para sus descendientes! Es necesario honrarlos siempre.