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Escaparon de la guerra, pero quieren volver a Siria

Llevan 4 años en Cipolletti y se les hace difícil llegar a fin de mes.

Guadalupe Maqueda

maquedag@lmneuquen.com.ar

El 29 de junio de 2013, Milano Salibi Madall; su esposa, Rima Alsoud, y sus dos hijos, Samuuil y Santa, llegaron al aeropuerto de Ezeiza escapando del horror de la guerra en Siria, su país de origen. Su hermano Roxel vivía en Cipolletti y los albergó en su vivienda. Entonces, sólo pensaban en volver, aunque de allí tuvieran que irse para mantenerse con vida. Pasó el tiempo, se echaron a andar en el exilio y consiguieron trabajo. Él como chofer de la empresa de transporte Pehuenche y ella en un taller de costura; y los chicos Samuuil, de 8 años, y su hermana Santa, de 14, continuaron sus estudios en una escuela pública del barrio El Manzanar.

Agradecen a Cipolletti los vínculos que establecieron y el trabajo. “Todo bien, pero con mucho sacrificio. Acá la vida es dura. Trabajamos mucho para vivir y llegamos a fin de mes raspando”, acotó Rima. Mientras pasa el tiempo, se acrecienta la nostalgia del país que dejaron atrás y las ganas de sentirse libres e iguales.

Pasaron casi 4 años desde que llegaron a Cipolletti. Se podría decir que se hicieron de un lugar, de amigos nuevos, un trabajo, educación para sus hijos y un pasar ajustado. Sin embargo, esta familia no puede aún dar vuelta la página. No del todo. Como huérfanos de una patria que se desangra, hay un costado doloroso que reeditan todos los días y se vuelve más crítico a medida que crecen sus hijos. Aman su país, pero advirtieron que ser sirios les ha cerrado muchas puertas y a cuatro años de residir en Argentina, se sienten encerrados.

Es que no pueden todavía conseguir la nacionalidad para sus chicos, por lo que desde que pisaron suelo argentino que no cruzan las fronteras en familia. “Con ellos no podemos ir a ningún lado”, aseveró Rima.

Alguna vez se arriesgaron e intentaron pasar a Chile, pero llegaron hasta la aduana. Sus hijos tenían su documento de identidad extranjero vencido (el permanente está en trámite hace meses, pero todavía no salen los papeles). Y si quisieran llegar más lejos, ir más allá del Mercosur, dijeron que necesariamente tendrían que ser argentinos nacionalizados. Por eso, Santa tuvo que renunciar al sueño de viajar a Disney para sus 15 años. Como siria, no puede ingresar a Estados Unidos ni tiene la nacionalidad del país donde reside hace cuatro años. “No puedo, al único lugar donde puedo viajar es a Siria”, admitió la adolescente con ojos resignados. Justamente, de donde huyeron para salvar sus vidas.

Su madre dice que por ley tiene que esperar a cumplir 18 años, pero se aferra a la esperanza de que alguien la escuche y revierta esta circunstancia. De lo contrario, comentó que se tendrán que volver a Siria, donde intentarán conseguir una visa para probar suerte en Alemania, donde vive una parte de la familia. “Allí están mis abuelos y no los veo hace seis años. Están viejitos y los extraño mucho”, manifestó Santa.

El problema es que no tienen muchas garantías de lograrlo. Si vuelven a Siria, por ahí tengan que quedarse y convivir con el terror que les depara su entorno. Es eso o insistir un poco más y tratar de conseguir la nacionalidad para sus hijos. Es el anhelo de Rima, que mide fuerzas con el cansancio que sobrellevan.

“No podemos esperar tanto para salir del país en familia y pensar en un futuro para mis chicos”, expresa Rima, quien añadió: “Hace dos años que estamos esperando que salga la nacionalidad para ellos y estamos cansados. Mi marido y yo la tenemos, pero sin ellos no podemos ir a ningún lado”.

“No entiendo por qué no puedo acceder a la nacionalidad de mis hijos. Pido que alguien reconsidere esta situación, los chicos sufren y me preguntan por qué no pueden”, concluyó su madre.

Milano consiguió trabajo como chofer de Pehuenche, mientras que su esposa, Rima, se desempeña como costurera.

Compatriotas que ya se volvieron

El pasado 13 de mayo, los Touma, una familia de refugiados sirios que llegaron al país a fines del año pasado para instalarse en la localidad de Pilar, Córdoba, partieron en un vuelo de regreso a la ciudad de Alepo, donde la guerra civil aún hace estragos en la población. Taufic (40) y Ani (29) tienen dos hijas, Kristel de 10 años y Mari Flor, de 13. Prefieren correr los riesgos que implica un conflicto armado en su tierra que permanecer aquí, ya que no lograron adaptarse a la Argentina por el alto costo de vida y la falta de trabajo.

Además, según relataron, hace poco sufrieron un robo que los empujó a tomar la decisión. “En Argentina no hay inflación, hay hiperinflación. Vivir un mes en Siria cuesta 150 dólares”, dijeron antes de irse.