Erika Halvorsen: "Soy una patagónica que de repente va a Hollywood"

En ascenso. La autora de El hilo rojo y Pequeña Victoria fue convocada por los estudios MgM para hacer una serie que protagonizará Lali Espósito.

Por Paula Bistagnino - Especial

Se crió en Río Turbio, en el campo porque su padre era administrador de estancias y aprendió a escribir jugando a la maestra con su hermana mayor. No había librería, ni teatro ni cine en el pueblo. En su casa, la poca tele que había en los 80. Así que Erika Halvorsen inventaba historias y las escribía. La primera obra de teatro la tipeó en una máquina de escribir para un acto escolar del 9 de julio.

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Descendiente de noruegos, Halvorsen llegó a Buenos Aires a los 17 años. Tras conseguir un trabajo y empezar sus estudios de Dirección Escénica en la Universidad de las Artes, escribió y dirigió varias obras. Del teatro pasó a los libros y sus libros –El hilo rojo y Desearás- pasaron al cine. Desde ahí llegó a la tele como coautora de Amar después de amar (ADDA), Morir de amor y ahora al prime time con Pequeña Victoria.

En eso estaba, a punto de estrenar en Telefé, cuando la contactaron de MGM –sí, la del logo del león de las películas de Hollywood- para preguntarle qué proyectos tenía. Y ella insistió con uno en especial: una serie basada en el libro El fin del amor. Amar y coger en el siglo XXI (Ariel), de la escritora argentina Tamara Tenembaum. Le había pedido los derechos apenas leyó el libro, publicado en abril, sin saber cuándo se iba a poder hacer ni cómo. Lo cuenta mientras prepara la valija para viajar a los Ángeles a reunirse con productores para cerrar el contrato.

“No lo hubiese imaginado. Por suerte viajamos juntas con Tamara. Porque yo ni siquiera hablo inglés. Yo soy una patagónica del campo que escribe y de repente va a Hollywood”, dice “Keka”, que además ya contactó a Lali Espósito para que sea la protagonista.

¿Por qué a Hollywood le interesa esta historia?

Con las plataformas y los nuevos formatos, ellos están mirando y buscando. Y esta historia, si bien tiene una impronta muy argentina, es para el mundo: es sobre una chica porteña que nació y creció en una familia judía ortodoxa y ue fue descubriendo los vínculos afectivos y sexuales en este tiempo. Hoy es una referente feminista. Muestra ese arco de vida de Tamara y el feminismo como movimiento joven y transformador en nuestro país.

¿Cómo lo vivís?

Es una sorpresa. Porque es la meca para alguien que escribe películas y series. Pero la verdad es que cuando escribís, que es lo que yo hago, no pensás en nada de esto. Es como un efecto de lo que hago, pero mi vida es más de estar en mi casa encerrada en pijama escribiendo. Tenés que estar muy concentrada. Para Pequeña Victoria estuve casi aislada varios meses, trabajando muchas horas por día, dejando un montón de actividades, cortando salidas con amigos. Yo le pongo mucho el cuerpo.

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¿Qué te atrae de llevar tus historias al público masivo?

La cultura con la que yo crecí es la cultura popular de la televisión. Por suerte mi infancia coincidió con una época de oro del rol del autor, la época de Alberto Migré y los especiales de Alejandro Doria. Hay algo de eso que claramente caló en mí. Yo no tenía mucho para hacer en mi pueblo, y además el clima… Así que veía tele. Y si bien escribí mucho teatro, la televisión me da la posibilidad de llegar a mi pueblo: que la gente en Río Turbio vea Pequeña Victoria, para mí es hermoso. De hecho le hago mi pequeño homenaje, porque el personaje de Natalie Pérez viene de Río Turbio y era la “Reina del carbón”. Con el teatro no puedo lograr meterme así en las casas de la gente.

¿Creés que la ficción puede ayudar a transformar la realidad?

Sí, sin duda. Me parece una herramienta muy poderosa y por eso lo hago con responsabilidad, eligiendo las historias que quiero contar. Porque yo sé lo valioso y lo transformador que puede ser eso que te llega por la tele donde sólo te llega la tele. Me parece que es un lugar casi de curaduría moral muy importante a nivel masivo y que puede contribuir muchísimo a transformar.

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¿Cómo atravesó el feminismo tu escritura?

Mucho. Además de ser una llave para la libertad personal, es una llave para mi trabajo y el hecho de tener referentes muy brillantes en nuestro país y un debate tan profundo, nos da un marco teórico para crear y defender personajes y tramas. Pero yo me crie sin que nadie me dijera que no podía hacer algo por ser mujer. Vengo de un lugar en el que el clima en algún punto te iguala: las mujeres patagónicas agarramos la pala, sacamos la nieve y hacemos todo de igual a igual aunque no tengamos los derechos. Cuando era chica y esquiaba, logramos con mis amiguitas que nos dejaran competir con varones porque no había categoría femenina. Sin estas herramientas, me crie feminista

¿Qué te propusiste con Pequeña Victoria?

Desarmar estereotipos de género, hablar de las maternidades y feminidades posibles y mostrar cómo vive el colectivo trans: cualquiera que vive en la Patagonia, y en cualquier lado, sabe cómo mueren y matan travestis. Viven en promedio 35 años. Es una emergencia nacional y no pasa nada. Y también poner a mujeres deseantes como protagonistas. En la televisión es más habitual ver violaciones que mujeres gozando. Y ahí es donde tenemos que dar pelea quienes contamos historias, desde todos los roles. Y que seamos más mujeres en ese lugar es clave.

--> Con el corazón en Santa Cruz

Erika Halvorsen se presenta con orgullo como tercera generación de patagónicos NyC (nacidos y criados). Su casa y su domicilio están en Calafate, aunque lleva más de la mitad de su vida en Buenos Aires. Hace unos años, Érica confesó en una nota que sueña con instalarse en Calafate y trabajar desde allí.

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