Años atrás el comercio sexual local estaba vinculado casi exclusivamente a la oferta callejera, que incluso fue mutando de lugar. En las décadas pasadas, la calle Fernández Oro era por excelencia el sitio elegido por las trabajadoras del oficio más viejo del mundo.
La poca iluminación, la falta de comercios y la abandonada estación de trenes generaban un sitio ideal para quienes ejercían la prostitución.
El paisaje de esa arteria cambió vertiginosamente. La parquización, la Casa de la Música, la ciclovía, el Registro Civil, la instalación de varios restaurantes, El Andén, entre otros, generó un mayor movimiento en la zona que obligó a las trabajadoras sexuales a desecharlo como “parada”.
Además, cuando se inaugure el Centro de Espectáculos ese ingreso a la ciudad terminará de trasformarse en uno de los lugares de orgullo para los cipoleños.
Ante esta situación es que el comercio sexual años atrás se trasladó un tiempo a las calles Pacheco y Tres Arroyos, aunque no fue por mucho tiempo. Ahora, donde sí se observa una cantidad importante de trabajadoras sexuales es sobre la Ruta Nacional 22. En este caso, la gran mayoría son travestis que se ubican a la altura de Lisandro de la Torre y avenida Toschi.