Se enseñan tantas cosas en esta ciudad. Se puede aprender a hacer manualidades con porcelana fría, bailar salsa y hacer judo. Pero alguien podría encargarse de capacitar a los médicos para hacer las recetas.
Suele suceder que un ciudadano común concurre urgente a una farmacia con la prescipción médica. La intención es poder comprar el remedio de manera rápida y volver al hogar. Otras veces, no tiene tanto apuro, pero lleva días esperando que le entregan la receta y quiere, por fin, hacerse de su medicamento.
Todo parece ir bien, y confiado se dirige a la farmacia. Pero, al llegar encuentra que su pedido es rechazado. Pero no por la letra incomprensible, sino por que está remarcada un número o sobre escrito. Entonces, frustrado el cliente debe volver al comienzo.
Eso hace pensar, no parece ser tan complicado escribir una receta, pero parece en realidad necesita de capacitación.